Un rey facilitador y un Presidente complicador

El tiempo seguramente recogerá esta historia de hoy sobre las plantas de celulosa, en un capítulo de historias absurdas y fantásticas. El pastoso problema está en un brete que el gobierno argentino construyó con esmero para entrar en él alegremente, y no saber hoy cómo salir.

Los hechos se han venido produciendo uno tras otro:

-El juicio en La Haya que él mismo comenzó ya está en curso, y como en todo proceso, por largo que parezca, los hechos se van precipitando.

-No pudo detener las obras porque fue drásticamente rechazado por catorce de los quince jueces en La Haya, y no fue por unanimidad porque uno era un juez de la Argentina.

-El Mercosur, abollado y manipulado, llamado a intervenir, debió relativizar el planteamiento y a regañadientes señaló la inocultable ilegalidad de los cortes de los puentes internacionales.

– Los informes medioambientales del Banco Mundial fueron favorables a Uruguay.

– Kirchner ha dicho que informó a su Congreso que había acordado con Uruguay la instalación de Botnia, sin saber que eran dos y no una las plantas a construir en Río Negro. Su argumento hoy quedó completamente destruido. ENCE hoy ya no está y no puede hablarse más de los efectos acumulados de supuestas sinergias contaminantes.

-Hoy presiona absurdamente al Banco Mundial, pero este ya tiene informes técnicos favorables, y todas las garantías de Uruguay, incluso la del control binacional. Conceder el préstamo resulta inevitable.

Mientras tanto se reanudan los cortes y, agazapado en las rutas y en el alma, un puñado militante a ultranza de cuidadosamente preocupados entrerrianos aguarda con impaciencia el asalto a una nueva temporada turística uruguaya. Todo ante la estimulante omisión del gobierno argentino que permite, un año más, infligirnos un nuevo daño de cientos de millones de dólares, y el bloqueo del derecho a la libre circulación de tanta gente.

Todo el escenario quedó muy en claro al tiempo de la Cumbre en Uruguay. Algunos connotados amigos presidentes ni vinieron, y el vecino presidente Kirchner fue como si no viniera. El canciller uruguayo -tan ilusionado como mal informado- dijo estar convencido de que vendrían Lula y Chávez, y que por estar el propio Rey de España habría clima propicio para una imaginada entrevista de Kirchner y Vázquez en plena Cumbre. Una vez más todo falló. Lula y Chávez no vinieron y Kirchner, que estuvo como ráfaga, comió menú especial, saludó apurado, habló solo con el Rey de España a solas y como buen presidente de la capital del virreinato que se siente, dejó al Rey como facilitador de lo que él mismo ha complicado, no habló con Vázquez y se fue sin siquiera posar para la foto.

Por aquí se pensó que sería bueno que la monarquía española interviniera. Notoriamente desconcertados se aceptó la propuesta. Generoso el monarca puso a su embajador estrella ante la ONU para facilitar las cosas entre los díscolos del sur. Lo lógico hubiera sido que el Rey Juan Carlos, Vazquez y Kirchner anunciaran juntos el mecanismo de diálogo con facilitador real que se implantaba. Pero tampoco eso sucedió. Hoy de pronto en medio de la facilitación por él propuesta, el gobierno argentino muestra su real jugada y queda en grosera evidencia. Simultáneamente a pedir diálogo facilitado, envía a su secretaria ambientalista al Banco Mundial, y por si no fuera suficiente, remite una carta al presidente, para impedir que se otorgue el crédito. Obligado, el gobierno de Uruguay envía a Washington DC a su ministro de Economía y al secretario de la Presidencia para cuidar el escenario.

Kirchner procura que el préstamo no se conceda por lo menos hasta que salga el fallo de La Haya, y pretende hacer ver la facilitación aceptada por el gobierno de Uruguay como una vacilación. Pero el accionamiento ante La Haya ya está en curso. Fue iniciado por el mismo gobierno argentino, y es el mismo que impidió a la OEA intervenir, el que tiene a los presidentes del Mercosur bajo presión y mirando hacia otro lado.

Toda la acción es demasiado burda, una pena que no se supo ponerle fin a tiempo, antes de que todo se enquistara hasta este punto. Los gobiernos son los facilitadores naturales de la búsqueda de la solución de los problemas, si lejos de resolverlos los complican, entonces será el responsable del fracaso. La cuestión no es la falsa opción negociar o no, se trata de no bajar la guardia para que no nos sorprendan una vez más.

Una postura sobria y no sobreexcitada ante el tema es imprescindible. Los dos gobiernos deben admitir que el asunto los superó, y poner equipos políticos nacionales de primer y experimentado nivel a trabajar realmente en este complejo asunto nacional. No es posible elegir un equipo de cirugía por medio de un torneo de truco en el boliche de la esquina, por macanudos que sean los parroquianos.

El presidente argentino que pone facilitador y por otro lado es el complicador, deberá ir pensando qué hará cuando los plazos se agoten y ya no le queden más argucias para usar. No es fácil tomar por dos veces sorprendido en su buena fe incluso al Rey de España, un hombre formidable con mucho más vivido que quien hoy absurdamente pueda pensar que es posible utilizarlo para cortoplacistas beneficios demagógicos. *

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