La civilizada vía del diálogo
La semana comenzó con noticias vinculadas con dos temas recurrentes en la historia recientísima. Dos asuntos latentes que cada tanto emergen como para recordarnos a todos que su solución se halla pendiente.
Hablamos del conflicto con Argentina y del diálogo interpartidario.
Ante la inminencia de que el Banco Mundial apruebe el préstamo solicitado por la empresa Botnia, la mediación «facilitadora» ofrecida por el Reino de España no significó obstáculo alguno para la reinstalación de los piquetes en la cabecera del puente entre Fray Bentos y Gualeguaychú. Al fracasar las gestiones del gobierno argentino para impedir que el organismo crediticio internacional otorgara el crédito de 170 millones de dólares para la firma finlandesa que construye una procesadora de celulosa en las proximidades de Fray Bentos, los fundamentalistas de la preservación del medio ambiente no vacilaron en violentar una vez más las relaciones internacionales, las tradiciones de convivencia entre las dos naciones y las muy precisas disposiciones del Pacto de Asunción. En una clara actitud de represalia por la negativa del gobierno uruguayo a suspender las obras de construcción de la planta, los vecinos gualeguaychuenses resolvieron volver a bloquear el libre tránsito por el puente General San Martín con el objeto de perjudicar la economía uruguaya; con esa medida no sólo se resienten el comercio y los transportes sino que, por sobre todas las cosas, se pretende cortar el paso de ciudadanos argentinos dispuestos a veranear en Uruguay. Como queda dicho más arriba, la medida de los supuestos ambientalistas no parece obedecer a razones medioambientales sino que debe ser vista como una represalia contra el Uruguay en su conjunto.
Ante esta nueva situación de hostilidad y de manifiesta ilegalidad, el gobierno argentino se abstiene de intervenir. Ya ha quedado demostrado que de nada valen las exhortaciones que últimamente han comenzado a lanzar algunos de sus funcionarios, y los gobernantes del país vecino desempeñan el papel del aprendiz de brujo, incapaces de detener el movimiento demencial que ellos mismos se ocuparon de promover y estimular mediante consignas irresponsables y demenciales.
El gobierno uruguayo, por su parte, debe mantener la misma actitud calma y sensata que ha exhibido hasta hoy, y apoyar las gestiones conciliadoras que promueve el gobierno español sin descuidar, desde luego, las acciones legales pertinentes ante organismos regionales e internacionales.
El otro asunto –la recomposición del diálogo interpartidario– ofrece un panorama más alentador, aunque la posibilidad de que aparezcan nuevos elementos irritativos sigue latente. El gobierno ha dado un paso al costado al ceder ante la negativa de la oposición de dar los votos para el nombramiento de la doctora Guianze y ha retirado dicha candidatura para llenar la Fiscalía de Corte. Pero la oportunidad es propicia para que también se trate la integración de los dos organismos de contralor, cuyos miembros están en funciones desde hace diez años y reflejan una realidad político-electoral dividida en tercios y con mayoría de los partidos tradicionales, siendo que hoy el partido de gobierno cuenta con la mayoría absoluta del cuerpo electoral pero está en minoría en la Corte Electoral y en el Tribunal de Cuentas.
Hacemos votos por que estas primeras reuniones sean el comienzo de una relación menos ríspida entre gobierno y oposición. Creemos que el gobierno ha dado claras muestras de su voluntad dialoguista, actitud que no ha sido correspondida por los dirigentes opositores, embarcados en una estrategia de intransigencia y enfrentamiento que a nada conduce.
En ambos asuntos –el conflicto con Argentina y las relaciones entre gobierno y oposición– el diálogo aparece como la vía más apropiada, más civilizada y más efectiva para lograr acuerdos y destrabar situaciones que embretan a todos en callejones sin salida. *
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