Tres temas desde una visión liberal
En el presente artículo vamos a aprovechar el espacio del que disponemos para llamar la atención sobre algunos aspectos que han pasado desapercibidos de tres temas de actualidad. En primer lugar nos vamos a referir a los privilegios de los funcionarios municipales en la adjudicación de nuevos cargos. Luego trataremos el tema de la reelección presidencial. Finalmente nos ocuparemos de los aspectos preocupantes de la nueva «soberanía financiera» lograda tras el pago de la deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
1) La selección primaria de los nuevos cargos que creará la Intendencia Municipal de Montevideo, a la que se presentaron cientos de miles de uruguayos, se realizará por sorteo. Pero hay un pequeño detalle, el 15% de los cupos están predestinados a los hijos de los actuales funcionarios. ¿Cómo no salta a simple vista la fragante inconstitucionalidad que se comete? ¿Cómo es posible admitir semejante privilegio a un grupo específico de la población? Las autoridades de la intendencia y los funcionarios municipales, evidentemente, nunca leyeron el artículo 8º de la Constitución que dice «Todas las personas son iguales ante la ley no reconociéndose otra distinción entre ellas sino la de los talentos o las virtudes» o el 9º «Se prohíbe la fundación de mayorazgos. Ninguna autoridad de la República podrá conceder título de nobleza, ni honores o distinciones hereditarias». Seguramente es una de esas formas de aplicación de la justicia social que escapan a mi comprensión.
2) El presidente del Frente Amplio Jorge Brovetto declaró que está a favor de reformar la Constitución para que el actual presidente pueda ser reelecto. Si bien puede argüirse que los colorados también lo buscaron en su momento, y que muchos presidentes latinoamericanos han modificado las constituciones en su beneficio, no deja de ser cierto que las modificaciones de las reglas de juego con nombre y apellido socavan el Estado de Derecho. Si alguna vez se habilita la reeleción, tiene que ser para el período siguiente al que se realice la reforma. El presidente Vázquez fue electo sin posibilidad de reelección, así debería seguir.
3) El ministro Astori anunció con bombos y platillos el pago de la deuda con el FMI ya que a partir de ahora nuestra deuda es «soberana» y no está condicionada. Dado que las condiciones que imponía el FMI eran límites, por lo demás bastante razonables, a la inflación y el déficit fiscal, hay dos preguntas que podríamos plantearnos. ¿Vale la pena cambiar deuda barata por deuda cara para que sea «soberana»? ¿La discrecionalidad no puede volverse riesgosa a medida que se acerquen las elecciones? Si se ve el aumento del gasto público de 300 millones de dólares realizado este año con las restricciones del fondo y la más que probable candidatura presidencial del ministro de economía las preguntas son pertinentes. Seguramente que lo mejor solución al tema sean las restricciones autoimpuestas a nivel constitucional en lo referente al déficit fiscal y el gasto público, como propone James Buchanan, y en la carta orgánica del Banco Central respecto a la inflación, con consecuencias para sus directores en caso de no alcanzarse. Pero dado que ese tipo de reformas parecen lejanas pueden no ser buenas noticias que se pierda el único freno institucional a la inflación y al déficit.
Esto no debe interpretarse como una defensa del FMI, una institución que ha sido mucho más perjudicial que benéfica, aunque por sus condicionamientos, sino porque sus préstamos resultan siempre una salida mucho más simple para los gobiernos que realizar las reformas realmente necesarias. *
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