Algunos están de vivos y otros confundidos

La derecha neoliberal, el Herrerismo ortodoxo, la señora Ruth Richardson, los dirigentes de la Asociación y de la Federación Rural, los pequeños productores rurales que hicieron el acto en la Plaza de los Charrúas, señalan al Estado uruguayo –por su tamaño, sus costos y su ineficiencia– como culpable de la más grave crisis económica y social de la historia y reclaman al unísono profundizar la reforma del Estado y privatizar todo.

Por otra parte y en esa misma línea pero en forma disimulada, el Foro y el doctor Batlle «no estarían de acuerdo con privatizar todo para poder privatizar un poco».

Entre los argumentos utilizados por los neoliberales criollos, el de más peso es el de que «el mundo ha cambiado», que hoy las reglas de juego son otras, que todo debe estar condicionado a las leyes del mercado. El Estado debe limitarse a cumplir ciertos servicios y transferir las demás actividades al sector privado, fundamentalmente a las transnacionales.

Al doctor Lacalle, a algunos de sus correligionarios que lucraron indebidamente y fueron procesados, ya los conocemos y sabemos que si no hubiera sido por la lucha tenaz de nuestro pueblo, Menem sería un poroto comparado con ellos. También conocemos a la señora Richardson, presidenta del Banco Central de su país y a la vez Directora ejecutiva de más de una decena de empresas neozelandesas y de otras nacionalidades. Con ella tuvimos oportunidad –y la sensatez– de discutir y discrepar profundamente en oportunidad de asistir a un taller organizado por ACDE, asociación que la invitó para que nos mintiera acerca de las bondades de las desregulaciones y privatizaciones que llevó a cabo en su país cuando fue ministra de finanzas. Al igual que los Tigres Asiáticos, esa estructura neoliberal se desmoronó llevando desocupación, hambre y miseria a cientos de miles de sus compatriotas. Los miembros de las gremiales agropecuarias tampoco nos son desconocidos: durante las décadas del país de las vacas gordas jamás les importaron los problemas del resto de sus conciudadanos y usaron y abusaron del Estado protector contra el que hoy despotrican.

Hay en todo lo dicho un estrecho y antiético interés sectorial. Comprendemos a los pequeños productores agropecuarios que a consecuencia de la crisis están en peligro de extinción, pero discrepamos con su apreciación de que sea el Estado el responsable de las desventuras de su sector.

Hasta aquí pueden parecer lógicas las actitudes descritas, pero lo que no entendemos es la actitud de algunos queridos compañeros de la izquierda, que –dicho con total fraternidad– entran en el juego de la derecha. Al respecto, son ilustrativas las últimas declaraciones de Gargano. Dice el compañero Polo: «Debemos replantearnos el rol del Estado, ya no podemos decir lo que decíamos en los 70″. Y propone transferir el poder estatal a la gente en lo que él llama autogestión. Afirma que sus modelos son el sueco, el Olivo italiano, la socialdemocracia alemana y el socialismo de Jospin.

Nosotros discrepamos con esas apreciaciones y lo hacemos con fundamentos y argumentos que expondremos por problemas de espacio en una próxima nota. Pero hoy adelantamos que los compañeros de izquierda que renuncian a concepciones que para nosotros son de principio, están totalmente equivocados.

* Dirigente de COFE

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