Los Hereford de la ARU
Cuando los ferrocarriles británicos pasaron a manos del estado en el año 1949, engrosando las líneas ya existentes de AFE, hacía cuarenta años que los ingleses no invertían una sola libra en ellos. Los últimos rieles colocados por los ingleses databan de 1939, de comienzos de la segunda guerra mundial, cuando por razones de fuerza mayor, las acerías inglesas se concentraban en los aprontes bélicos. El gobierno de Luis Batlle se hizo cargo de los ferrocarriles. Para ello debió el Estado comprar nuevo material rodante, puesto que lo que habían dejado los ingleses eran las viejas locomotoras de vapor del siglo XIX.
El tren del Estado, la primitiva línea del este, había demostrado que se podía brindar fletes más baratos. La idea del tren del este a Rocha llegaba a lo que debía ser el puerto de aguas profundas del Atlántico, La Paloma. Todos estos proyectos fueron naufragando a medida que la desidia y la corrupción se enseñoreaban en el país.
Pese al clamor en contra de los «vendepatrias» civiles del proceso, muchos militares apostaron al desarrollo en base al capital nacional acumulado en nuestros entes autónomos. Como el transporte forma parte de la formación estratégica militar, hubo militares que pensaron en reflotar los trenes. Contando con el único capital del país, el trabajo de su gente, durante un decenio se intentó hacer marchar eficientemente el sistema ferroviario. Estudiantes de UTU, becarios, llenaron los talleres mecánicos del organismo, miles de peones rurales, convertidos en mano de obra vial, acondicionaron las vías. Se compraron equipos de soldadura para los rieles, se importaron durmientes y equipos rodantes. AFE, aun bajando la plantilla de 13 mil a siete mil personas, mantuvo operativos los 1.800 kilómetros de vías férreas. Los productores contaron con abundante y económico transporte para sus haciendas y lanas. Hubo modernos trenes Ganz de pasajeros que mejoraron los servicios, junto a materiales rodantes, viejos motocares reconstruidos en los tallleres del organismo. Al Uruguay nunca vino un dólar del Banco Mundial para trenes y vías férreas.
Los civiles del proceso se desprenden de sus incautos militares. Con las manos libres, durante la primera presidencia de Julio Sanguintti, resolvieron dejar al país sin trenes. Para que nadie en el futuro pudiera reflotar el transporte de haciendas, tuvieron a bien vender como leña el maderamen de los vagones y cortar con autógena los chasis. Liquidando AFE, dejando menos de un millar de obreros y funcionarios, vaciando talleres y liquidando servicios. Todo un proceso de sistemática destrucción del patrimonio nacional, para el directo fomento del negocio camionero. ¡Y aquí nunca se vio a la ARU defender los intereses de sus asociados por un flete más económico, para ellos y para el país en su conjunto!
Ahora, cuando comienzan a cosecharse los eucaliptos, las plantas de celulosa caen en la cuenta de que el transporte carretero hace inviable su negocio, y claman por los ferrocarriles. Pero ya es tarde, al país lo han destrozado, al punto de dejarlo sin infraestructura ferroviaria, material y humana, gracias a los ministros «amigos» de los transportistas.
Como viejos socios del imperio británico, a la ARU nunca le importó pensar sobre los costos de los fletes. Ni repararon tampoco en la explotación que sufrían a manos de los trusts frigoríficos estranjeros. Ahora, víctimas gozosas del oligopolio del transporte carretero, aspiran a que el Estado los ayude en el sostén de tan costosos fletes, exonerándolos de los aportes a la seguridad social. Lamentablemente, siguen siendo tan irreflexivos y ajenos a la humanidad que compone la nación, como el ganado Hereford que engordan. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad