Un saludable ejercicio de democracia
Un partido político celebra hoy elecciones internas. La coalición-movimiento de izquierda convoca a sus militantes y adherentes a expresarse mediante el voto para elegir a sus representantes en los organismos de dirección del partido.
Esta práctica de consulta periódica es ya habitual –casi que podría decirse tradicional– en el conglomerado de partidos, grupos y sectores de la izquierda nacional que se conformó hace 35 años. El Frente Amplio surgió en 1971 con ciertas características entre las cuales resalta la voluntad de participación de su militancia. Los comités de base fueron la versión aggiornada de las «escuelas ciudadanas», como don José Batlle y Ordóñez llamaba a los clubes o bastiones partidarios. En ese ámbito, el de los comités de base, la gente encontró un lugar donde expresarse, discutir, confrontar opiniones y canalizar su necesidad de participación política que hasta entonces había quedado restringida a la emisión del voto cada cinco años para elegir a los gobernantes.
Este rasgo peculiar del Frente Amplio lo distingue –entre otros– de los partidos tradicionales, paralizados en estructuras de participación y de gobierno anquilosadas. Recordemos que la única convocatoria similar realizada por uno de los partidos históricos fue la elección interna del sector Por la Patria del Partido Nacional en 1985, cuando aún vivía su líder Wilson Ferreira Aldunate. Desde entonces, los partidos Nacional y Colorado han prescindido olímpicamente de sus bases.
Cierto es que en aquellos tiempos en que cristalizaba la unidad de las fuerzas de izquierda, la sociedad vivía una crisis particularmente severa que se manifestaba en todos los aspectos del quehacer nacional: desde lo económico (pérdida del salario real, carestía) hasta lo político (desbordes del Ejecutivo, inoperancia de los partidos tradicionales atomizados). El Frente Amplio vino a llenar una necesidad latente en vastos sectores de la ciudadanía: la expresión política que encauzaba las ansias y expectativas de los sectores castigados y desilusionados. Incluso después de la elección de 1971, superando el amargo trago de la derrota, los comités de base siguieron funcionando aceitadamente convirtiéndose en bastiones de militancia contra la escalada autoritaria.
Vino luego la larga noche de la dictadura durante la cual la militancia frentista debió actuar desde las sombras de la clandestinidad, pero recobró indudable protagonismo no bien se abrieron rendijas que precipitaron el fin del régimen cívico-militar.
Sin embargo, paralelamente al sostenido crecimiento electoral del Frente Amplio verificado desde el retorno a la democracia y que le permitió obtener el triunfo en primera vuelta en octubre de 2004, el fervor militante característico de comienzos de los setenta y mediados de los ochenta fue decayendo ostensiblemente. La izquierda fue ganando el apoyo de las mayorías silenciosas pero fue perdiendo militancia. A pesar de ello, se mantuvo la práctica de realizar elecciones internas independientemente de lo establecido en la Constitución y en la legislación electoral. Sin la intervención de la Corte, el Frente Amplio organizó convocatorias periódicas a la ciudadanía sin otro requisito que contar con más de catorce años y adherir a la fuerza política en el momento de emitir el sufragio. Esto le permitió contrarrestar en alguna forma el desinterés y el decaimiento de la militancia. Pues si bien no se trata de instancias de democracia directa, de todos modos es una oportunidad de que el ciudadano común se exprese políticamente, lo cual no deja de ser un saludable ejercicio democrático. *
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