Logros auspiciosos

Se difundieron por estos días algunas cifras estimulantes.

Al tiempo que la economía crece (las exportaciones llegaron a más de tres mil millones de dólares en lo que va del año, lo que representa un crecimiento de 19 por ciento en diez meses), la pobreza y la indigencia experimentan una disminución que, aunque pequeña, expresa una tendencia plausible; asimismo, el nivel de ingresos exhibe una mejora.

Los datos proporcionados por el Instituto Nacional de Estadística indican que hay 109 mil pobres menos en comparación con el primer semestre del año pasado. Medida en porcentajes, esta disminución es del orden de 3,38; en cuanto a la indigencia, también se verificó un descenso de la población en esas condiciones extremas, con casi 30 mil indigentes menos. De todos modos, los porcentajes siguen estando por encima de los de 1999. El ingreso promedio de los hogares, por su parte, experimentó un aumento de 13 por ciento en Montevideo y 19 por ciento en el interior.

Estas cifras –que, aunque modestas, reflejan una mejora en las condiciones de vida de los uruguayos– se deben, por un lado, a la aplicación del Plan de Emergencia y, por otro, a los aumentos salariales como consecuencia del funcionamiento de los Consejos de Salarios. Vale decir que las políticas sociales y laborales puestas en práctica por el gobierno progresista están dando sus frutos, al tiempo que la conducción económica logra éxitos nada despreciables.

En nuestro editorial del pasado martes 31 hacíamos referencia al triunfo de Lula en el balotaje y reproducíamos el comentario que le mereció al mandatario brasileño. Dijimos entonces que el triunfo electoral se debía en primer lugar a «la notoria prioridad otorgada por el PT a los sectores populares más castigados por la injusticia distributiva, una prioridad que el propio Lula se ha encargado de resaltar como uno de los pilares en que se apoyará su segundo mandato. Ese compromiso con los más infelices, los excluidos, los postergados de siempre, es lo que le ha valido el apoyo manifestado en las urnas. Por otra parte, esa preocupación social –que tuvo un innegable efecto en la sociedad brasileña– viene a demostrar de manera contundente la falsedad de una premisa cara a la derecha y al centro, con la que más de un político socialdemócrata ha pretendido justificar el mantenimiento de la injusticia distributiva: que para distribuir la renta, primero es necesario crecer; dicho en otras palabras, primero hay que hacer ‘crecer la torta’ y después, repartirla, perverso razonamiento por el cual se difiere sine die la redistribución de la riqueza. Lula dio vuelta el concepto expresando –con palabras y con hechos– que es necesario hacer la distribuición de la renta para lograr el crecimiento económico».

Al igual que Lula en Brasil, el gobierno del Frente Amplio, sin haber alterado la infraestructura capitalista, va logrando conciliar el crecimiento económico con una mejora en la redistribución de la renta.

La reforma impositiva –recientemente aprobada en Diputados– apunta precisamente a corregir las injusticias distributivas y continuar por la senda del crecimiento con justicia social. *

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