El muro norteamericano contra México
El pasado día 26 de octubre el presidente de los EEUU estampó su firma en la ley que ordena la construcción de un muro de 1.226 kilómetros de largo en la frontera que separa ambos países.
Esa zona del planeta ha devenido emblemática en tanto es sede de singulares circunstancias dramáticas: desde hace ya muchos años, en esa frontera son ultimados cientos de emigrantes mexicanos y procedentes de otros países de aquella región.
La intransigencia de las autoridades norteamericanas, el estancamiento y subdesarrollo que padecen los países de centro y Norteamérica, los sentimientos de hostilidad racista que crecen en algunos sectores de la población de los estados del centro y sur de los EEUU han convertido la frontera en un foco dramático de violencia.
La construcción del muro parece obedecer a varias razones. Entre otras, una de oportunidad: la proximidad de elecciones legislativas en las que el Partido Republicano de Bush aspira a capitalizar esos sentimientos de xenofobia fascistizante. La brutal resolución del gobierno norteamericano significa el reconocimiento de muchos fracasos, el eclipsamiento o ridiculización de muchos mitos que flotan en torno a la idea del valor de la libertad, la tolerancia, la apertura a los que buscan nuevas oportunidades y demás.
Por otra parte, la decisión cae sobre una situación mexicana especialmente explosiva. Por un lado la persistencia de la movilización democrática de apoyo a las denuncias de fraude formuladas por el ex alcalde de México D.F., Andrés Manuel López Obrador. Al mismo tiempo la movilización de maestros, profesores y ahora la casi totalidad del pueblo de Oaxaca, en un proceso de rebelión popular impresionante y que se agrava día a día.
Finalmente la situación social de millones de campesinos mexicanos con sus economías arrasadas por las condiciones económicas impuestas por las políticas predominantes en los últimos gobiernos realizados por las derechas mexicanas.
La construcción del muro ha suscitado comentarios críticos en muchas partes, tanto dentro como fuera de México. Así, por ejemplo, J. M. Pasquini Durán ha escrito en el matutino bonaerense: «Ningún otro emblema habría definido con más nitidez los criterios de la Casa Blanca sobre las relaciones de libre comercio con los países de América latina: las mercaderías y el dinero podrán atravesar la frontera sur de Estados Unidos, pero las personas serán impedidas por un muro de más de mil kilómetros, para cuya construcción se prevé una primera inversión de 1.200 millones de dólares, aunque su costo final podría rondar los nueve mil millones de la misma moneda.
Desde el 26 de octubre la ley que ordena levantar esa gigantesca barrera tiene la aprobación de la mayoría oficialista en el Congreso y la firma del presidente George W. Bush.
Vicente Fox, mandatario saliente de México, en la Cumbre de Mar del Plata, defendió con pasión los proyectos norteamericanos de libre comercio, a los que se opusieron los socios del Mercosur, pero al notificarse de la ley del muro la calificó de acto de hipocresía para una nación creada por inmigrantes. ‘No es posible aseguró que en el siglo XXI estemos construyendo muros entre dos naciones que somos vecinas, que somos hermanas, que somos socias'».
Hace una semana, el escritor mexicano Carlos Fuentes advertía que «la arrogante, ciega y arbitraria decisión norteamericana de ir cerrando la frontera habrá de ser el principal dolor de cabeza a la vez internacional e interno del futuro presidente Felipe Calderón (…) El externo, en relación con los EEUU, sus necesidades de trabajo y el trato dado a los inmigrantes mexicanos. Y el interno, a medida que la frontera se cierre y se caliente y México deba proporcionar ocupación a medio millón de trabajadores cada año, encerrados detrás de la cortina de nopal».
Como hemos dicho, es un muro anacrónico, una muralla medieval en plena época de desarrollo de las comunicaciones. Y es una siniestra paradoja que en un mundo que promueve la más irrestricta libertad para el flujo de capitales y mercaderías, se prohíba la libre circulación de personas. *
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