Brasil: a profundizar los cambios
La apabullante victoria del PT que consagra a Luiz Inácio Lula Da Silva como presidente de Brasil por otros cuatro años, si bien había sido anticipada por las encuestas de opinión luego de la primera ronda en la que el PT arañó el 50 por ciento sin superarlo, aparecía como una alternativa poco probable unos meses atrás, cuando las denuncias de casos de corrupción parecían haber hecho mella en la imagen del partido gobernante y en el prestigio de sus dirigentes.
Hubo sin duda un adecuado manejo de la situación de parte de las autoridades y del oficialismo petista, que lograron neutralizar el efecto negativo de aquellos escándalos; la opinión pública percibió claramente que el gobierno no estrechaba filas para proteger a sus funcionarios infieles, lo que reforzó la credibilidad de los gobernantes. Pero más allá de esa habilidad para conjurar una situación aparentemente adversa, el triunfo de Lula en el balotaje del domingo se debe a causas mucho más profundas.
Poco tiempo después de conocerse el resultado del balotaje, el periodista brasileño Flávio Aguiar comentaba el triunfo de Lula y apuntaba algunos hechos que lo explican. En primer lugar, la notoria prioridad otorgada por el PT a los sectores populares más castigados por la injusticia distributiva, una prioridad que el propio Lula se ha encargado de resaltar como uno de los pilares en que se apoyará su segundo mandato. Ese compromiso con los más infelices, los excluidos, los postergados de siempre, es lo que le ha valido el apoyo manifestado en las urnas. Por otra parte, esa preocupación social –que tuvo un innegable efecto en la sociedad brasileña– viene a demostrar de manera contundente la falsedad de una premisa cara a la derecha y al centro, con la que más de un político socialdemócrata ha pretendido justificar el mantenimiento de la injusticia distributiva: que para distribuir la renta, primero es necesario crecer; dicho en otras palabras, primero hay que hacer «crecer la torta» y después, repartirla, perverso razonamiento por el cual se difiere sine die la redistribución de la riqueza. Lula dio vuelta el concepto expresando –con palabras y con hechos– que es necesario hacer la distribuición de la renta para lograr el crecimiento económico.
En un improvisado discurso luego de conocido el resultado electoral, el mandatario brasileño resaltó que la victoria no era suya sino «de la sabiduría del pueblo brasileño», que «el pueblo sintió que había mejorado, y contra eso no hay adversario». Anunció su propósito de buscar un entendimiento con todos los partidos, pues «ahora nuestro adversario son las injusticias sociales que tenemos que combatir».
Hay quienes se preguntan si en este segundo mandato Lula seguirá apegado a la ortodoxia económica orientada por el Banco Central de Brasil o si, por el contrario, apostará a variar el rumbo. Por eso las expectativas están centradas en quién ocupará la cartera de Hacienda (el ministerio de Economía). El actual titular, Guido Mantega, no es visto como un monetarista y defensor del estilo del FMI, como era su antecesor, Antonio Palocci. Si Lula piensa mantener a Mantega en su cargo, ello puede ser percibido como una señal clave para predecir el rumbo económico que el presidente imprimirá a su segundo mandato.
En fin, sea como sea, el resultado del balotaje del domingo es el triunfo de una fuerza política progresista que nos debe regocijar a todos los latinoamericanos que no hemos renunciado a la utopía. *
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