La democracia, la libertad y la seguridad en la Cumbre
Leíamos hace pocas horas un trabajo de un especialista en seguridad, entre tantos otros, que sostiene que en democracia las necesarias medidas que se deben adoptar para resguardar, como en este caso, a mandatarios extranjeros, de ninguna manera deben afectar a los ciudadanos que, más allá de contratiempos puntuales, no pueden ser excluidos de la participación de los eventos.
Esperamos que esta afirmación del analista haya sido tomada en cuenta por quienes tan rigurosamente se han encargado de la seguridad de la Cumbre Iberoamericana que se inaugura la próxima semana, y que no se imponga crear una barrera infranqueable, una especie de coto cerrado, una fortaleza, tras la cual se harían las reuniones mientras el pueblo estuviera afuera, alejado hasta de la visión de los hechos más significativos.
Claro, Uruguay no tiene mayor experiencia en este tipo de acciones policiales y obviamente esa carencia se suplirá con mayor rigurosidad en las medidas que van a convertir a parte de la Ciudad Vieja en una verdadera fortaleza, en la que solo podrán ingresar quienes estén identificados previamente, lo que provocará –por más que se intentará hacer lo menos rígida posible la acción– innumerables contratiempos en la zona, desde la imposibilidad del funcionamiento de diversas oficinas, la caída y la reducción casi a cero de la ventas de los comercios allí enclavados, hasta problemas personales imprevistos. Esperemos, en definitiva, que la Cumbre sea exitosa, que el país salga prestigiado del cónclave y que el cerrojo de seguridad no actúe negativamente, conspirando contra el éxito del evento en que se analizarán las migraciones, un tema tan caro para nuestro país que tiene fuera de su fronteras una real diáspora nacional.
Por eso nos preocupa el tema de la seguridad de la Cumbre la que, obviamente, no puede invadir de ninguna manera las libertades individuales y colectivas, aunque sí puede ordenarlas para que los organismos de seguridad puedan, en el hipotético caso de alguna transgresión, actuar de manera eficaz. Un matutino en el día de ayer titula con la información de que algunos grupos calificados como «radicales» se manifestarán en contra del rey de España, por las leyes restrictivas adoptadas en ese país en contra de los inmigrantes. La presentación de la información es exagerada porque, por más que no comulguemos desde estas páginas con muchos de los objetivos de esos grupos, debemos reconocer que tanto ellos como tantos otros sectores de uruguayos o extranjeros están en pleno derecho de expresarse en torno a un tema concreto, como también –si fuera así–deberían ser respetados quienes se manifestaran en los temas más distintos hasta en algunos muy sentidos por nuestra gente, como el de las plantas de celulosa.
Ese es el juego que se da en democracia y es ese el valor que le da este sistema a la libérrima expresión de la discrepancia, lo que es una de sus características más preciadas que nadie en su sano juicio puede pretender conculcar con medidas policiales.
Por ello son necesarias en esta etapa, a pocos días de la realización de la Cumbre Iberoamericana, la ponderación en las medidas, la flexibilidad en su aplicación y la inteligencia para respetar la libertad de todos.
El tiempo ha sido escaso. El censo en la zona de exclusión de la Ciudad Vieja se está realizando con una rapidez que podría haberse evitado para ganar en eficacia, si la planificación del evento hubiera quedado en manos de especialistas y no de algunos funcionarios inexperientes que han debido improvisar acciones, pese a que han tenido el cuidado de asesorarse.
Esperemos, por el bien del país, de su imagen, que todo salga bien… *
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