Un triunfo de la democracia

El ex presidente Julio María Sanguinetti sostuvo que la «democracia está amenazada» por la «actitud rompehuelga» y la «intolerancia» del PIT-CNT, y porque el gobierno del presidente Tabaré Vázquez viola la Constitución de la República.

Declaraciones demasiado fuertes las del ex primer mandatario que, en una estrategia de contraataque, está tratando de ganar los puntos perdidos frente a la opinión pública luego de su paso en falso al reunirse con el jerarca castrense.

Es evidente que el dirigente colorado debía conocer que la invitación al ágape no era un simple e inocente encuentro de amigos sino una reunión entre el líder de la oposición colorada y el jefe militar, sujeto a jerarquía, quizás de más relevancia dada la magnitud de la fuerza que comandaba. Por otra parte, recordemos que el doctor Sanguinetti ha mantenido desde siempre una influencia decisiva en la política militar y sobre sectores de uniformados que, en lo político, es obvio decirlo, siempre le han respondido.

La solución dada por el Presidente Tabaré Vázquez, por más que sorprendiera, por ser una medida fulminante, estuvo basada en sus inalienables potestades institucionales.

Y ahora es profundamente injusto que el doctor Sanguinetti diga que el gobierno viola la Constitución cuando, en el caso del paro de los camioneros, agotó las instancias negociadoras y llegó a acuerdos con los huelguistas que atemperaron posiciones que parecían irreductibles. La declaración de esencialidad no fue, tampoco, una acción intempestiva, producto de un arrebato, sino una medida meditada que contribuyó a garantizar que algunos insumos básicos llegaran a la gente y no se produjera, tal como estaba ocurriendo, un peligroso desabastecimiento.

Asignarle al Presidente Vázquez la responsabilidad por las acciones del PIT-CNT es un acto fallido del ex primer mandatario, injusto en su esencia, e insólito en su contenido político. Ni Vázquez ni ninguno de sus ministros hicieron declaraciones a favor del contraparo de la central sindical y menos aun, se refirieron a algunas expresiones algo subidas de tono de dirigentes que no midieron sus expresiones. Pero, ¿qué responsabilidad es la del gobierno en todo esto?

La medida de la central obrera fue una decisión adoptada de acuerdo con sus mecanismos de resolución, sin ser impulsada desde el 7º piso del Edificio Libertad, que sirvió para tensar una ya difícil situación social. Entonces, ¿por qué Sanguinetti agravia su inteligencia afirmando que la «democracia está amenazada», si el gobierno actuó con pies de plomo en todo el proceso, actuando siempre dentro de las prerrogativas institucionales que es la única forma que conocemos de afianzar un sistema que hay que ir construyendo a cada hora, en cada instante, no permitiendo que declaraciones altisonantes puedan mostrar facetas claudicantes?

Un sistema al que todos debemos adherir siempre, porque cuando este país salió de la democracia, ya sabemos lo que pasó.

Entendemos en definitiva que nadie perdió en todo el proceso. Si el comandante Díaz pasó a retiro se debió a un error grave que nunca un militar de su nivel debiera haber cometido. Y en torno al conflicto de los camioneros, es bueno decir que allí tampoco hubo vencidos ni vencedores, porque si alguien triunfó, fue el país, por lo tanto la victoria es de todos. Nadie mordió el polvo, ni hubo que «sacar a patadas» a alguien, ni el gobierno debió abandonar su política de rebajar el boleto.

La que triunfó fue la democracia, pues en todos los casos se pusieron en juego los mecanismos institucionales, no se violentó ninguna norma legal, único camino de afianzamiento de un sistema que por ese camino se moderniza, crece, convirtiéndose en base fundamental del progreso general del país. *

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