12 de noviembre: ¿plebiscito para juzgar al gobierno?
Y la pregunta no es ni inoportuna ni arbitraria ni capciosa. Responde a una preocupación que salió a la luz pública a través de lo manifestado en la Mesa Política del 25/9/06 por el compañero presidente ingeniero Brovetto. Efectivamente, refiriéndose a las elecciones internas a efectuarse prontamente, y luego de destacar la importancia obvia de las mismas, dijo expresamente que «no deben ser tomadas como un plebiscito al gobierno».
Por provenir de quien proviene, el ministro político por excelencia (un pie en la fuerza política y el resto del cuerpo en el gobierno), la afirmación tiene innegable importancia y gravedad. Seguramente se trata de una preocupación surgida al más alto nivel del gobierno, que se sugirió (?) se transmitiera prontamente a la fuerza política, abriendo anticipadamente el paraguas.
Y se me ocurre la pregunta elemental:
Si «el gobierno» intenta evitar que «se le cobren cuentas» en el ámbito electoral de SU (?) fuerza política, ¿no será porque supone, quizás acertadamente, que tiene cuentas por pagar a la ciudadanía que lo votó?
Pero lo mas grave viene después. Esta «sugerencia» no viene dirigida a todos los grupos políticos que la integran, puesto que es público y notorio que una mayoría importante de ellos, cuantitativamente hablando, es notoria e incondicionalmente «oficialista».
Los que pueden hacer críticas al gobierno son solo aquellos (cuantitativamnente pequeños) grupos que tienen discrepancias con lo actuado por el gobierno, y se animan a manifestarlo, en puntos muy importantes, como ser, (nada menos que)
-política económica con pago de la deuda externa y adelantos no exigibles que inviabilizan el «país productivo» prometido.
-posicionamiento internacional en las mayores cercanías históricas con el imperio,
-política tributaria, en la que luego de «hacer como» que se consultaba, se mantuvo lo esencial incambiado, sin lograr el objetivo tan publicitado de que pagaría más el que ganara más.
O sea que las reglas que se fijan casi subliminalmente contienen un tratamiento diferencial para tibios y troyanos, ya que sólo a estos últimos va dirigida la sugerencia del «no cobro de cuentas al gobierno». Que por otra parte, de aceptarse, inviabiliza el poder mostrar los perfiles existentes, quedando todos dentro de esa falsa e inexistente «unidad» a la que también en la intervención antes mencionada se hacía referencia. Todos iguales y alineados en la defensa incondicional del gobierno.
Porque los «oficialistas» van a basar su estrategia únicamente en las consabidas loas a los logros del gobierno. Que los tiene. Pero sin mencionar ni una palabra de los renunciamientos habidos en, por lo menos, esas tres grandes áreas a las que me he referido.
Y se culmina, en la misma línea, cuando se decide que sea justamente el compañero Brovetto, el único orador en el «unic-acto» central de la campaña de propaganda de las internas.
¿Ustedes imaginan cuál va a ser el contenido del discurso del compañero Brovetto? Un racconto de «todo lo bueno hecho por el gobierno». Y punto. No puede ser otra cosa. Arrimando harina exclusivamente para los molinos de los grupos «oficialistas». ¿Y los «otros»? No debieran hablar de los errores y horrores del gobierno. De las decisiones inconsultas, de los ninguneos, de los desacatos, porque eso violaría la «sugerencia» de no tomar las elecciones internas como un plebiscito a la gestión del gobierno. O sea censura total y silencio cómplice. ¡Tomá mate!
Y además, a nadie se le ha ocurrido preguntarle al compañero Brovetto, único orador unánime de «tibios» y troyanos, cuáles van a ser las grandes líneas de su intervención. Porque, tal como viene la cosa, va a ser el «viva, viva» de siempre.
Por si no alcanzó el fracaso de la convocatoria del 1º de marzo, al año de «estar» (?) en el gobierno. Vamos en camino de otro. Porque no es el rol de la fuerza política cantarle incondicionales loas al gobierno, sino todo lo contrario. Aconsejarlo con valentía y sapiencia en la solución de errores y horrores en los que se ha metido. Subvirtiendo voluntaria y deliberadamente los roles que la actuación en democracia aconseja.
En lo personal, no estoy dispuesto a concurrir, a hacer el triste papel del hijo de la pavota si no conozco previamente las grandes líneas de la alocución del compañero. Ya hay bastantes corifeos en las cúpulas de los grupos políticos, dispuestos a firmar documentos en blanco, para que después alguien los llene sin consultar. Continuando con el triste papel de la fuerza política de «furgón de cola» del «trrreeeen», y «bomberito» de los fuegos no fatuos generados.
En estas condiciones no estoy dispuesto a concurrir. Sé que mi ausencia no se notará por insignificante, pero siento la obligación moral de fundamentarla. *
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