La Alianza en la elección

El próximo 12 de noviembre, el Frente Amplio realiza sus elecciones internas.

Como en toda elección estarán en juego espacios de representación, cuotas de poder, aspectos ideológicos, simpatías, carismas y liderazgos; pero en esta elección de noviembre, por sobre todo, estará emitiéndose subliminalmente –en la participación o en la abstención– un juicio de valor sobre el actual gobierno, por lo que convocamos a la ciudadanía, a toda la ciudadanía, a expresarse favorablemente, ¡votando!

 

Por qué votar a la Alianza

De las varias razones que podríamos esgrimir para solicitar el voto de los compañeros frenteamplistas en noviembre, hacemos hincapié en tres de ellas que entendemos resumen los aspectos más particulares de nuestra identidad.

Somos frenteamplistas Para nosotros el frenteamplismo es una forma de ver la vida. Es una forma de sentir y hacer la política donde la razón y el destino final de todo esfuerzo es el hombre y el logro de su felicidad.

Somos frenteamplistas en la certeza de que fuera del Frente Amplio no existe otro proyecto progresista. Existen sin duda en el resto de la sociedad «individuos» progresistas, tanto como nosotros mismos, a los que estamos invitando a caminar y construir junto a nosotros; pero «proyecto» progresista, estructurado, discutido, elaborado, armónico y global, no existe otro fuera del Frente Amplio.

Para nosotros, economía y producción son herramientas complementarias –importantes, aunque no las únicas– en la construcción de un proyecto colectivo de vida, indefectiblemente subordinadas a una escala de valores que es, en definitiva, la que determina las prioridades que debe reflejar nuestro accionar.

En nuestra concepción frenteamplista, la búsqueda de un orden de justicia social asentado sobre la base de la solidaridad, es el valor superior que debe regir cualquier tipo de definición en estos aspectos.

Somos oficialistas. Tal como lo expresara en forma sintética y elocuente nuestro compañero De Los Santos en un Encuentro Nacional de la Alianza, «para nosotros es un orgullo formar parte de este gobierno». Porque es lo que hemos soñado desde siempre; por lo que hemos luchado y para lo que nos hemos preparado intelectual y espiritualmente.

Somos oficialistas desde la primera Intendencia del Frente Amplio en Montevideo, con el doctor Tabaré Vázquez a la cabeza, conscientes de que el hilo conductor del cambio revolucionario que hoy se está procesando en todo el país arrancaba en ese febrero de 1990, para continuarse luego en los dos períodos de gobierno municipal del compañero Arana y consolidarse en su tránsito incontenible, con el acceso al gobierno nacional en 2004 y a la titularidad de ocho intendencias en mayo de 2005.

Somos oficialistas y por ello, aportamos al proyecto nuestros mejores referentes en la Vicepresidencia, en los ministerios, en los Entes, en las Comisiones Administradoras, en las Unidades Reguladoras, en Direcciones Nacionales y Departamentales, en el Parlamento Nacional, etc., para desde allí dedicar todo el esfuerzo, todo el conocimiento y toda la convicción espiritual a la concreción de las aspiraciones del pueblo, que mil veces ayudamos a pintar en los muros de todo el país: libertad, justicia, salario, democracia.

Somos oficialistas impulsores de las líneas de profundización democrática contenidas en la estrategia de la descentralización.

Somos oficialistas en la defensa de la reforma tributaria y del concepto de que pague más quien tiene más.

Somos oficialistas en la propuesta de reforma integral del Estado que lo ponga al servicio de la gente, que lo transforme en «amigo» de la gente.

Somos oficialistas en la convicción de que el proyecto nacional impulsado desde el Poder Ejecutivo, difícilmente podrá llevarse a cabo en un único período; por ello, es nuestra responsabilidad asegurar al gobierno y al país la «gobernabilidad» necesaria para su concreción, reivindicando y rescatando este concepto y esta estrategia, desde el fondo de la Historia de nuestro pueblo.

Somos oficialistas, convencidos, practicantes, conscientes, orgullosos.

Somos leales. Y si para nosotros y para el mundo que estamos ayudando a construir los valores tienen una importancia tan significativa, ¿cuál de ellos es el que sentimos que más nos identifica, el que mejor define nuestro aporte al proyecto del cambio?

Sin duda alguna la lealtad. Hemos sido leales desde el llano, «a la intemperie», descubiertos del parapeto de la estructura política; y también leales desde el ejercicio de la función pública, legislativa, ejecutiva o representativa.

Hemos sido leales cuando los muros caían, desde la «exclusión»; y hemos sabido comportarnos con lealtad en los instantes de la construcción de las políticas, de las aportaciones a las líneas programáticas, y desde nuestro proyecto «incluyente» hacia las grandes mayorías nacionales.

Nuestra ruta de vida está «señalizada» por la lealtad que hemos profesado con el país: cuando las instituciones fueron avasalladas; en la huelga general; en la resistencia; desde el exilio; en el estoico sometimiento al martirio físico y espiritual por la dictadura; en la generosidad y amplitud de miras de la salida democrática; en la lucha contra la impunidad; en la defensa de la soberanía; en la dignidad y el coraje del abandono de nuestros lemas paternos cuando ya no respondían «a los propósitos de cambio y renovación».

Somos leales al Frente Amplio. Muchos de nosotros somos fundadores del mismo y lo votamos en nuestro lema que tuvo el histórico privilegio de cobijarlo. Integramos sus organismos, participamos de sus Comités de Base, respetamos sus Estatutos y sus Reglamentos.

Nos identificamos con su ideario artiguista y tremolamos en plena identificación con la bandera tricolor. Y somos leales, por fin, al gobierno, a nuestro gobierno.

No somos, tal vez, muy diferentes al resto de los compañeros. Pero esto es lo que somos, así es como nos sentimos, y de ello es que nos enorgullecemos. *

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