Estrategia opositora
En momentos en que el país asiste a una situación de excepción causada por la medida extrema de los transportistas de carga de paralizar sus actividades, cuando el desabastecimiento está a punto de dejar de ser una amenaza para convertirse en realidad, cuando un sector del empresariado hace jugar todo su poder para enfrentar al gobierno, el bloque político conservador, en lugar de estrechar filas junto al gobierno legítimo para ayudar a desactivar el lock-out y normalizar la vida del país, prefiere situarse en la vereda de enfrente, o en la tribuna aprovechando para arrojar alguna que otra piedra contra el gobierno.
Primero fue el silencio casi cómplice de blancos y colorados ante la emergencia ocasionada por el paro de los camioneros. Pero el martes pasado el Partido Nacional llamó a conferencia de prensa para fijar su posición ante la situación creada, y contra lo que era dable esperar, no fustigó la postura corporativista de los camioneros que los llevó a paralizar la economía del país. Antes bien por el contrario, dirigió sus baterías contra el gobierno a quien responsabilizó de la situación, reclamándole «responsabilidad, razonabilidad y orden». El nacionalismo centró sus críticas en lo que llamó la «tesis de la conspiración, de la desestabilización» por considerar que se trata de una «maniobra de distracción» ante las dificultades que enfrenta el gobierno. Asimismo, reclamó a Vázquez que «genere condiciones para el diálogo y el entendimiento entre los uruguayos».
Huérfano de ideas y carente de iniciativas y de creatividad, el Partido Nacional ha elegido directamente el camino de la oposición cerril, ciega e irracional, para lo cual no vacila en presentar una realidad tergiversada. Y sus apelaciones al diálogo resultan poco creíbles cuando todos recuerdan que fueron ellos quienes se negaron por motivos baladíes a aceptar ofrecimientos del gobierno en ese sentido.
Dejando de lado las innumerables interpelaciones, llamados a sala o a comisión, a que recurren sistemáticamente los partidos del llano para no descuidar su perfil opositor, en los últimos quince días ha venido sucediéndose una serie de hechos que, si bien no constituyen una conjura o una conspiración, han coadyuvado a jaquear al gobierno y a promover premeditadamente o no una cierta desestabilización.
A la aparición de Bordaberry hijo en un programa de televisión reivindicando la figura de su padre y denostando a dos figuras del gobierno, sucedió pocos días después la información de reuniones entre el comandante en jefe del Ejército con líderes políticos opositores, lo que motivó la destitución de aquél. Se trató de dos hechos que enrarecieron el clima, crisparon los ánimos y pusieron a prueba al gobierno.
En tales circunstancias y aunque en otro ámbito del quehacer nacional se produce la paralización del transporte de carga por decisión de la patronal. Con total objetividad puede verse en esta rara conjunción de hechos una estrategia de poner a prueba la capacidad de respuesta del gobierno.
Desde luego que rechazamos la equiparación de este paro de transportistas con la situación chilena previa al golpe de Pinochet contra Allende. Son coyunturas bien diferentes y nadie sensatamente podría lanzar la alarma por un hipotético e improbable quiebre institucional.
No obstante, todo esto tiene un inconfundible tufillo de pulseada, esto es, de intento de la derecha de promover situaciones para ver hasta dónde es capaz de llegar la prudencia y la firmeza del gobierno. *
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