Hacia la recuperación del salario real

Finalizan los Consejos de Salarios 2006 con mayor éxito y calidad que 2005. Mejor organización sindical y patronal llevó a negociar con grandes tensiones sí, pero con mayor conocimiento. Sin temor al conflicto ni a las «sensaciones térmicas» exageradas. Se imponen algunas reflexiones.

En 1938 la Comisión Parlamentaria creada para analizar las condiciones de trabajo informaba al Parlamento: «El trabajo no tiene amparo contra las bajas de salarios y despidos. La mayoría de las viviendas de los trabajadores son de madera y lata». Seis años después, 1944, nacían los Consejos de Salarios, buscando equilibrar la contradicción entre capital y trabajo. Comienza una etapa que nos llevaría en los años finales de la década, a un sostenido crecimiento en los salarios y condiciones de vida de los trabajadores, con niveles históricos quizás nunca repetidos, achicando aquella brecha, de la cual las viviendas de madera y lata eran fiel reflejo.

Con altibajos llegamos a 1968, año de congelación salarial, y cinco años después a la dictadura cívico militar, con consecuencias demasiado dolorosas y conocidas, en todo sentido. En 1985 salíamos de ella. Había que revertir los bochornos dictatoriales políticos, sociales y económicos. Por segunda vez, luego de larga ausencia, se convocan los Consejos de Salarios. En 1991, seis años después, el salario real había crecido casi un 27%. Una vez más habían demostrado sus efectos positivos.

Comenzada la década de los 90 «se olvidaron» de convocarlos. En 1999, el salario apenas había crecido un 7%. Comparados los períodos 1985-1992 y 1992-1999, ambos de crecimiento económico similar, el último fue algo mayor inclusive, podemos evaluar los efectos redistributivos de convocar o no a los Consejos de Salarios. Una diferencia negativa de 18% es el resultado. Agreguémosle a ello la concentración de la riqueza y el millón de pobres que tuvo Uruguay. Impactante realmente.

La amnesia gubernamental finalizó en 2005, cuando el nuevo gobierno los volvió a convocar, lo cual reiteró en 2006. Las cifras de crecimiento del salario real, empleo y actividad, y la caída de las tasas de desocupación a niveles históricos relevantes, son demasiado elocuentes y conocidas.

Tres períodos históricos sustanciales: años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, salida de una dictadura sangrienta y primer gobierno de izquierda en la historia del país. Tres momentos previos claves de pobreza y estancamiento. Tres coyunturas en que fueron convocados los Consejos de Salarios, con las positivas consecuencias conocidas. Sería un grave error atribuir las consecuencias positivas sólo a los Consejos de Salarios, cuando existen otros factores internos y externos que coadyuvaron y coadyuvan. Pero es innegable que el clima político y social que generan los mismos ha sido decisivo para que ello sucediera. Si hurgamos en la historia nacional, quizás no exista una experiencia de diálogo social y tripartismo tan relevante en sí misma y como apoyo a la sindicalización, organización empresarial y negociación colectiva.

Cultura tripartita dialoguista que fue dejando una impronta nacional caracterizada por conflictos, acercamientos, distanciamientos, acuerdos al fin, que hoy es orgullo de nuestro país. Lo cual no significa que no hayan quedado en la historia hechos tragicómicos demostrativos de hasta dónde puede llegar el conflicto. Como aquel delegado obrero que vendió su voto a la patronal. Cuando sus compañeros le preguntaron quién lo había sobornado, contestó: «no conozco su nombre, sólo sé que era gordito, pelado, de voz fina, con bigotito y un autito verde». Así identificaron al protagonista, un notorio hombre de la época. Fue imposible ocultarlo.

Hechos como ese no formaban parte de la cultura dialoguista nacional, con enfrentamientos y lealtades a la vez. A pesar de algunas traiciones históricas y de las sensaciones térmicas existentes que se exageran. *

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