De laicos, pontífices y exégetas

La derecha ha abierto nuevamente sus fauces para intentar devorar parte de la historia de este Uruguay. Allá por el año 1963 un grupo de hombres secuestró armas del Club de Tiro Suizo, en el departamento de Colonia. Iban al mando de Raúl Sendic, fundador del MLN  T en el año 1965.

Hete aquí que el pasado 2 de octubre en el Liceo de Nueva Helvecia, en el marco de la «Semana del Patrimonio» y en medio de una charla que el diputado Homero Viera del MPP estaba brindando a instancias de la dirección liceal, relatando de manera breve y sumaria aquel hecho ante la pregunta de un estudiante de tercer año de liceo, se ha desatado una nueva campaña de pontificado y exégesis antisubversiva.

En esta febril primavera los ideólogos y ejecutores sobre el pueblo organizado de instrumentos legales como la Ley de Seguridad del Estado en abril de 1972, antesala del golpe de Estado y que permitió el juzgamiento de civiles por la Justicia militar, se han permitido anunciar que demandarán al compañero Viera en virtud de violación a la laicidad de la enseñanza y a la historia que refleje su pensamiento conservador ultramontano.

¿No habrá llegado la hora de que los más jóvenes, en particular, conozcan la verdadera historia que tanta sangre de presos de conciencia, torturados, detenidos desaparecidos, vuelos de la muerte y mártires costó a nuestra patria?

¿No habrá definitivamente y como parte del gran debate por una educación popular que revisar y volver a escribir la historia que está en los libros y que reflejan el pensamiento de las clases dominantes?

Homero Viera no violó la laicidad de la enseñanza relatando un hecho verídico. Los juicios de ese suceso, positivos o negativos por cierto, los harán esos jóvenes de hoy, hombres y mujeres del mañana, la historia en suma. Es la tarea que queda para las futuras generaciones de uruguayos que podrán juzgar con el tamiz del tiempo y mucho menos pasión tales hechos. Nosotros no somos pontífices. Decimos sí que la enseñanza fue conculcada y violada su laicidad, pisoteada y vilmente despreciada por aquellos que han hecho de la historia un cuento de buenos y malos donde la oligarquía, los dueños del Uruguay, fueron los buenos y un día llegaron los tupamaros primero, luego los comunistas y sus «adláteres» – como los historiadores y opinólogos de la derecha más reaccionaria han definido al Frente Amplio- para robarles sus privilegios y granjerías y devolverle al pueblo, entre otras cosas no menores, la palabra dignidad con letras mayúsculas. Como muchos de sus pares presos políticos, el compañero Homero Viera soportó estoicamente, entre otras degradaciones, los plantones de los cuarteles, y su ejemplo de lucha le devolvió el lugar que merece, como digno representante de esa Colonia que tanto ama en virtud de la enorme consecuencia con sus ideales y su coherencia entre lo que se dice y se hace. Ojalá muchos hombres y mujeres como Homero, como Mujica, Fernández Huidobro o Víctor Semproni, se reproduzcan por cientos y por miles en esta tierra, dispuestos a mantener vivo en este octubre donde el «Che» vuelve a nacer la sagrada llama de la liberación del hombre, y que la historia, la historia real de verdad y justicia continúe su camino implacable condenando eternamente a los falsos profetas y fariseos. *

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje