La lengua no es de trapo

El sexo de las palabras

Con motivo de las recientes elecciones en Brasil, la prensa en general ha desplegado una amplísima cobertura informativa que trasciende lo político electoral. Un título me llamó la atención: «Calma en el país del color y la samba», y no entiendo por qué el nombre del género musical típicamente brasileño ha sido feminizado. Si en portugués es masculino (O samba) no veo razón para que nosotros hablemos de la samba. ¿Tal vez por asociación con la zamba argentina, esa sí femenina?

Sea como sea, la ocasión es propicia para referirme a un tema que ya he tratado alguna vez: el sexo de las palabras.

Todos los sustantivos tienen género. Decimos el diario y la revista, la copa y el vaso. El diccionario se ocupa de ilustrarnos al respecto, colocando una eme o una efe después de cada vocablo y antes de darnos la definición. Hay algunas palabras, empero, que son bisexuales –o, como dice el diccionario mediante la abreviatura amb., de género ambiguo– es decir, que admiten los dos géneros; es el caso de mar, interrogante, calor, azúcar, etcétera, que tanto da tomarlos como masculinos que como femeninos; por más que algunos sostengan que decir la calor es incorrecto, la Academia sigue admitiendo su ambigüedad, y, sobre todo en poesía, es frecuente que aparezca (Se equivocó la paloma, creyó que el mar era el río, que la calor la nevada).

Pero a lo que no tenemos derecho es a travestir las palabras y hacerlas cambiar de género así como así, y decir, por ejemplo, fui a la almacén o andaba con un bronquitis bárbaro. Y menos que menos, como hacen algunas emergencias médicas, que han resuelto que sus policlínicas son policlínicos, en una transexualización inexplicable.

Con ser esto grave, no es todo. Porque hay un tercer grupo de palabras cuyo significado varía según estén en masculino o en femenino, por lo que no es indistinto usar uno u otro género; el cólera no es lo mismo que la cólera, ¿verdad? Es el caso de editorial: en masculino (un editorial) significa «artículo de fondo no firmado», es decir la nota periodística que refleja la opinión del medio de prensa; en femenino, en cambio (una editorial) es «casa editora», o sea una empresa dedicada a publicar fundamentalmente libros. Otro tanto puede decirse del sustantivo orden: el orden no es lo mismo que la orden; y tampoco es lo mismo el vertebrado acuático de respiración branquial (el pez) que la sustancia resinosa obtenida de la trementina (la pez).

–Diga Mendieta, si tienen los dos sexos, estas palabras son hermafroditas, ¿no?

–¡Qué lo parió! *

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