Cambios profundos en las relaciones laborales
La instalación de los Consejos de Salarios, verificada a mediados del año pasado, significó una estocada al modelo neoliberal. En el frenesí desregulador de que hicieron gala los gobiernos anteriores, los Consejos de Salarios implicaron un balde de agua fría en el proceso de flexibilización laboral que se venía dando sobre todo desde la administración nacionalista presidida por el doctor Lacalle.
El modelo aperturista había empezado a mostrar sus efectos a comienzos de los noventa. Recuérdese que fue en 1992 que surgió, a impulsos del líder herrerista, la primera iniciativa seria en materia de privatización, iniciativa que sufrió una aplastante derrota cuando la ciudadanía fue convocada a pronunciarse sobre la Ley de Empresas Públicas.
Pero ese modelo LACE (liberal, aperturista, concentrador y excluyente) ya había hecho estragos en la economía y en la sociedad uruguayas. El paulatino deterioro del aparato productivo, la apuesta a un país de servicios y paraíso fiscal, tuvieron por efecto, entre otras catástrofes sociales, la reducción de los puestos de trabajo con el consiguiente aumento de la desocupación y el incremento del trabajo informal y la subocupación.
En ese contexto, con el cierre de empresas se produjo un inevitable proceso de debilitamiento del movimiento sindical. Era el marco más apropiado para proceder a la flexibilización de las relaciones laborales dada la casi nula capacidad de respuesta de los sindicatos debilitados. El ideal neoliberal de que el trabajo se someta por completo a las leyes del mercado empezaba a cumplirse, y fue así que el salario real fue deteriorándose hasta alcanzar los peores niveles.
Una de las apuestas más fuertes de las fuerzas progresistas fue empezar a revertir esa tendencia perversa. Se trataba de disminuir la desocupación, mejorar la calidad del empleo, recuperar el poder adquisitivo del salario y vigorizar al movimiento sindical.
En mayor o menor grado, las metas parecen ir lográndose. No obstante, ante las dificultades para cerrar acuerdos en muchas ramas de actividad en esta última ronda de negociación en el marco de los Consejos de Salarios, varias voces opositoras se apresuran a hablar del supuesto «fracaso» del mecanismo.
Nosotros decimos que era previsible que surgieran desacuerdos, puntos de fricción, empantanamientos y todas las posibles dificultades inherentes a una negociación de tales características, en la que se enfrentan intereses antagónicos. Una y otra partes necesitan un aprendizaje que les permita negociar, esto es, escuchar al otro, entender su punto de vista y estar dispuesto a hacer concesiones, a ceder y a transigir. Como ha dicho con acierto el ministro Bonomi, «instalar la gimnasia de la negociación no se hace en un año, y mucho menos cuando durante 13 o 14 años se dejaron de lado los Consejos de Salarios».
Teniendo en cuenta ese hecho, puede decirse, objetivamente, que el balance de esta segunda ronda de los Consejos de Salarios es positivo. Pero más allá de los resultados concretos de esta ronda, lo destacable es el viraje que ha dado el país en materia de relaciones laborales, un viraje de 180 grados que, además de haber empezado a dar sus frutos, permite mirar el futuro con optimismo.
No es momento de posturas intransigentes. Vivimos tiempos de cambios, y la mayoría de los asalariados así lo han comprendido. Han comprendido que por primera vez en décadas el gobierno nacional no está en manos de enemigos de la clase obrera. *
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