El "trujillismo" impide un sistema político sano
El Frente Amplio está demostrando que tiene capacidad de renovar sus ideas, sin apartarse de su programa histórico. Esta virtud se expresa tanto en el gobierno nacional como en la comuna de Maldonado.
Las nuevas ideas emanan de la gestión de gobierno y de una fuerza política que siente el apoyo popular, y que por eso se proyecta hacia el futuro con confianza.
A la vez, en la oposición, no están surgiendo nuevas ideas ni nuevas prácticas políticas. Parece ser, entonces, que la lección de la derrota no les ha dejado ninguna enseñanza. Un ejemplo de ello es el Partido Nacional, sus principales dirigentes, que se han transformando en el más fuerte mecanismo de freno de la sociedad. Su único objetivo parece ser el de poner piedras en el camino, tomando temas secundarios para transformarlos en grandes escándalos.
El diputado Federico Casaretto bien podría ser un buen personaje de una historieta retorcida, que anda con la lupa para encontrarle el juanete al gobierno y a partir de allí construir una imagen de político libertario, rebelde y justiciero. Lo cierto es que a medida que pasa el tiempo, la mayoría de la población fernandina va comprendiendo que su única intención es mostrarse como un agrio opositor, para ocultar que sigue teniendo compromisos con el caudillo nacionalista, ex intendente y actual senador, Enrique Antía. Mareado por el presunto poder que le da la difusión de sus dichos, sufre de un doble problema: por un lado tiene que distanciarse de Antía, porque su solo nombre parece ser un problema, pero por el otro lado debe hacer todos los esfuerzos para que la imagen del ex intendente y hoy senador no caiga a pedazos, porque si eso ocurriera, el Partido Nacional podría perder por mayor margen las próximas elecciones departamentales.
Este diputado y ex funcionario de Antía ahora ha inventado que existe una conjura contra su persona, por parte del intendente Oscar De los Santos y otros dirigentes del Frente Amplio. Esa presunta conjura es parte de su patología de protagonismo, que cree que lo va a llevar a algún tipo de estrellato. Este legislador tiene todo el derecho a construir su propia personalidad, pero a lo que no tiene derecho es a intoxicar al sistema político de Maldonado con sus pequeñeces.
Un sistema político –y por eso nos preocupa el estado anímico de Casaretto– es un todo y no solo el partido gobernante, también lo es la oposición. Por eso nosotros, que somos los gobernantes, tenemos la obligación de bregar por un sistema político sano, civilizado, con un fuerte contenido ético. Para ello tenemos la obligación de decirles a los miles de nacionalistas sanos y de honor, que la política opositora de estos dirigentes del Partido Nacional no ayuda a la democracia y al libre debate de ideas. Lo que están haciendo Antía y Casaretto es radicalizar sus posturas contra el gobierno del FA, para a la vez competir entre ellos con miras a las próximas elecciones.
Ese es su objetivo y no les importa un pito si hay una buena o mala temporada, si hay o no más inversiones, si la comuna mejora o no su gestión, si la gente comienza o no a salir de la pobreza. Lo único que les importa son ellos y el grupo «trujillista» de amigos.
Por nuestro lado solo queremos ser parte de la ciudadanía, caminar con ella, compartir deseos, aspiraciones, temores, inquietudes y valores, sintiendo a la vez que el cambio es de la gente y que ella, que se ha hecho propietaria del mismo, ha comprendido que es con De los Santos. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad