Las cárceles especiales son "paramilitares"
Vuelvo -ya no más- sobre el tema prisiones exclusivas para los descubiertos violadores de DDHH en la dictadura que por ahora son solo militares, asimilados, o retirados de tales. Al parecer dichos lugares existirán y habrá que aprender a convivir con eso.
Puede que la verdadera lucha esté en lograr estrategias de prevención de las aguas que trajeron estos lodos, paridas a puro dolor aún presente. Porque ¡ay que esto duele y no es por exagerar! Los familiares de las víctimas de tortura, desaparición y muerte de seres queridos a manos de repugnantes y uniformados depravados; prevalecidos de portar armas y poseer la impunidad del poder político robado al pueblo por la fuerza; habiendo combatido más de treinta años por la verdad y sus consecuencias, nunca imaginaron tener que soportar semejante burla. Envejecidos héroes algunos, cuya causa igualmente renueva su brío indestructible en la justedad de sus reclamos, una vez más recibirán flagelo moral.
Acostumbrarse ellos a saber a sus verdugos en clubes de seudoreclusión, gozando de la comodidad de la compañía de sus pares además de otros lujos de acondicionamiento acorde a las necesidades del caso, es inhumano por decir lo menos. Me pregunto quién y cómo «administrará la tensión» generada del lado de acá.
Presentarse ante Tribunales por delitos cometidos durante el gobierno de facto se transformará en rutina para los militares implicados pues lo que les espera luego es muy parecido a un homenaje. Además esos lugares no sirven a la finalidad -esto es lo imperdonable- y lo que actualmente sucede en Argentina es la prueba: «En menos de veinte días, doce represores detenidos por los crímenes cometidos durante la última dictadura en jurisdicción del Primer Cuerpo de Ejército salieron en total, 31 veces de sus lugares de arresto…» dice una nota del diario Página/12. También ya fue derribada la teoría de la seguridad porque algunos están en prisiones plurales y no hubo problemas. Las cárceles de reclusión de militares están hechas como se dice vulgar y sabiamente, para llenar la fórmula.
Juntos y cuidados por ellos mismos, tienen todas las argucias a mano como para zafar de cualquier medida efectivamente rehabilitante. El gran esfuerzo humano se vuelve estéril y el papel de la requerida legalidad resulta desmerecido transformándose en parodia. Los enjuiciamientos esperados y desesperados, devienen violenta ironía a los dolientes de víctimas del terrorismo de Estado y en ellos a toda la población. Es cierto que no seríamos capaces de atormentarlos aunque impulsos vienen, pero ¿privilegios?
Rescato un episodio relatado entre Rosencoff y Ehrlich, cuando se encontraban en las mazmorras del proceso y lograron «hablarse» a través de la pared por medio de golpes con los nudillos. Solía ser un regalo -a veces póstumo- dejar a un preso con otro para poder decirse algo en medio del desangramiento y la decadencia física y espiritual producto de las torturas.
Entre todos los martirios, si es que había unos peores que otros, estaba el de la incomunicación. Y ahora sus insanos captores, delincuentes no comunes sino sádicos, luego de ser juzgados y «condenados» irán a clubes de amigos con pequeñas restricciones. No queremos actuar bajo la pasión de una simple venganza, para eso no se hubiera esperado tanto tiempo.
Aspiramos a que impere el Derecho, la Justicia, la razón y el sentido común en la aplicación de las penas como a cualquier ciudadano transgresor de la ley le sucedería normalmente. Aún creemos en la inteligencia y sensibilidad de los que pueden hacer algo al respecto.
El peligro latente y subyacente a todo esto, es el mensaje que se extiende, crece y se perpetúa hacia sociedades venideras: matar, robar y violar con uniforme tiene premio en Uruguay.
Ahí tenemos el porqué de la risita mordaz de Gavazzo y sus amigos cuando van a los Juzgados. Ahora entiendo cuál era el chiste. *
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