La violencia quirúrgica del coronel Vázquez

E. Fernández Huidobro.

Cuando lo vi salir del Juzgado de la calle Misiones, pensé en el «Gauchito».

El coronel retirado Gilberto Vázquez se ha caracterizado en estos últimos meses por realizar declaraciones de todo tipo, y todos tenemos la sensación de que son un montón de mentiras, por lo menos las que son relativas a su forma de «combatir».

Dice en «Caras y Caretas» del viernes 21 de julio de 2006: «Siempre traté de que la violencia con los detenidos fuera casi quirúrgica». En «Brecha», 1 de setiembre: «Lo que he disfrutado en la vida son las épocas de combate…» Y en el diario «El País» del 12 de setiembre: «los que estamos acá (en el Juzgado) somos unos Carlitos.»

Nos conocimos hace treinta y cuatro años; en 1972 era teniente del S2 del Regimiento de Caballería Mecanizada Nro. 4; comenzaba su larga trayectoria de torturador, yo la de preso político. Además de liderar a la oficialidad y tropa en el tenebroso arte de torturar, como dudaba de los resultados que obtenían sus subordinados, comenzó a entrenar a varios perros doberman para que atacaran, mordieran, lastimaran.

En el libro de Universindo Rodríguez y María Eugenia Jung: Juan Carlos Mechoso, anarquista (Ed. Trilce), cuenta Mechoso: «Además en ese cuartel (4to. de Caballería) como en otros tenían unos perros siniestros adiestrados en el control y custodia de los presos. Una vez que salí de la «máquina» hice un movimiento para acomodarme un poco y los perros hicieron un escándalo bárbaro y me arrancaron un pedazo de pantalón.»

El «Gauchito» Marín era un simple y sencillo obrero que allá por el año 1964 tuvo la mala fortuna de discutir con el capataz, la discusión subió de tono, se fueron a las manos y de las manos pasaron a los cuchillos. En el duelo criollo no quedaba otra alternativa y el «Gauchito» terminó procesado por homicidio. En el penal de Punta Carretas se vinculó a los primeros tupamaros que cayeron detenidos y de esa relación de amistad pasó a ser un militante orgánico del MLN-T. Se escapó en «El Gallo», segunda fuga de los tupamaros del penal de Punta Carretas. Su libertad en la calle duró apenas un par de meses, hasta que lo detuvieron y lo llevaron al 4to. de Caballería.

El «Gauchito» también conoció al «Diente» Vázquez en el 4to. de Caballería. No pudieron arrancarle una sola palabra, todo el equipo de torturadores comandados por el «Diente» Vázquez no logró sacarle una confesión al «Gauchito» Marín. Cansados, frustrados, cambiaron a las bestias humanas por otras bestias y trajeron a los perros doberman.

Denuncia Serpaj en Uruguay nunca más: «Por sus gritos lo reconoció y se enteró que lo ataron con alambres y que introdujeron en el calabozo dos perros que lo mordieron mucho. Sobre la madrugada lo dejaron de «plantón», cayó luego pesadamente y no respondió a los intentos de reanimación.»

Denuncia Serpaj en Muertes en las Prisiones Uruguayas: «Edison Marín (El Gauchito), obrero agrícola de 40 años de edad. Muere el 3/6/72 en el Hospital Militar a consecuencia de las torturas recibidas en el Regimiento de Caballería Nro. 4. Marín fue puesto de plantón, golpeado, estaqueado. Siempre encapuchado. Finalmente fue hecho destrozar por perros amaestrados. Falleció en el Hospital Militar, solo e incomunicado.»

Denuncia Marcha en su edición del viernes 9 de junio de 1972: «El martes 5, Zelmar Michelini solicitó informes sobre el fallecimiento de dos detenidos por la Fuerzas Conjuntas. En cada caso el senador reclama respuesta acerca del día, lugar y circunstancias en que murieron los detenidos.» Los compañeros fallecidos eran Batalla en Treinta y Tres y Marín en el 4to. de Caballería.

Continúa informando Marcha: «Plantón y muerte de Edison Marín» (del diario de sesiones del Senado)   «Señor Michelini: El otro pedido de informes tiene que ver con el fallecimiento de otro detenido: Edison Marín, del que tampoco se ha dado noticia por parte de las Fuerzas Conjuntas…»

Así iniciaba el teniente Vázquez una carrera que lo llevaría a convertirse en una de las fieras de Orletti, del Plan Cóndor y a coronel del Ejército. Asi «combatía«, esa era la «violencia casi quirúrgica» que aplicaba a los detenidos en el año 1972. El «Diente», el «Judío», el «Pilín», «307», o sencillamente un «Carlitos».

Ayer lo vi salir del Juzgado y me acordé de Edison Marín, el «Gauchito», un tupa que solo pudo caminar dos meses en libertad por las calles montevideanas, un tupa que en otros tiempos se había enfrentado a la muerte, pero de frente –valga la redundancia– leal y valientemente, y la había esquivado. Y en ese año 1972, también venía ganándole la partida, callado, sin ni siquiera reconocer que era tupamaro.

Plantado firme, empuñando esta vez en sus manos atadas con alambre un acerado y filoso silencio, pero enfrente no tenía a otro hombre como él, tenía fieras. Al «Diente» y a los cuatro o cinco colaboradores les ganó, a las bestias humanas les ganó.

Ayer cuando lo vi salir del Juzgado de la calle Misiones volví a pensar en el «Gauchito» Marín. Seguro que ahora el «Gauchito» –esté donde esté– sabe que le ganó al «Diente» y que además, después de treinta y cuatro años, no va a pasar mucho tiempo más para que se vuelvan a encontrar.

Esta vez sin los perros. *

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