América Latina después de Clinton

Emir Sader

El presidente estadounidense Bill Clinton pasó su primer mandato entero sin siquiera cruzar el Río Grande ni pisar territorio latinoamericano. No necesitaba. La hegemonía de EEUU se consolidaba mediante la afirmación como única superpotencia mundial evidenciada en la guerra del Golfo y exhibida en el nuevo ciclo económico expansivo.

El continente, por su lado, demostraba poca capacidad para atraer las atenciones y las preocupaciones de Washington. La crisis mexicana de 1994 se aplacó con un préstamo de 50 mil millones y el compromiso del depósito de los dólares del petróleo en bancos de EEUU. Brasil mantenía su bajo perfil internacional, así como el Mercosur, a pesar de su expansión y de la suspensión de la «vía rápida», por el Congreso estadounidense. Ningún otro gobierno –salvo el cubano– se atrevía a cuestionar la política de EEUU en el continente. Al terminar su mandato, Clinton entregará a su sucesor un cuadro mucho más agitado. Desde entonces, la prometida bonanza económica fue cortada por la crisis internacional, con sus epicentros en el sudeste asiático, en Rusia y en Brasil, que desestructuró hasta la economía chilena, una crisis de la cual el continente hasta ahora no se recuperó.

Políticamente, la elección de Hugo Chávez en Venezuela, el agudizamiento de la crisis en Colombia, la recuperación económica de Cuba, la crisis ecuatoriana, el deterioro del régimen de Fujimori, el desgaste político de Fernando Henrique Cardoso, la inestabilidad del régimen paraguayo, la crisis chilena en relación del proceso a Pinochet, la continuidad de la crisis haitiana, el rápido desgaste de De la Rúa, configuran un escenario muy diferente. E incluso cuando, ante el desgaste del Mercosur, a partir de la devaluación brasileña y de los consecuentes desgastes con la Argentina, parecía que el camino para la consolidación del ALCA estaba abierto, la capacidad de rearticulación sudamericana, a partir de la convocatoria brasileña, reabre un nuevo frente de conflictos para EEUU.

Washington cuenta con México como mayor aliado, cuya economía se expande en tanto EEUU mantiene su crecimiento, pero cuya dependencia del vecino del norte, si hasta aquí fue un factor positivo, representa al mismo tiempo su fragilidad. En los otros temas prioritarios para el gobierno de EEUU –inmigración y narcotráfico–, el cuadro también se volvió más agudo. Conforme la crisis económica de la región y el modelo de crecimiento mexicano aumentaron la inmigración, este problema se intensificó. Y el narcotráfico se extendió ampliamente a México, al punto de que este país se volvió tan importante en el circuito del tráfico como Colombia, donde el debilitamiento del régimen bajo el gobierno de Pastrana y el fortalecimiento de la guerrilla llevó a la llamada Operación Colombia que es hoy unánimemente considerada como un nivel más alto en los enfrentamientos militares en aquel país.

Quien quiera que sustituya a Clinton en la Casa Blanca, no podrá darse el lujo de despreocuparse de América Latina, sea dejando de visitarla, sea consolidando sin obstáculos su hegemonía económica sobre el continente. Enfrentamientos económicos con el Mercosur ampliado, conflictos agudos en Colombia, afirmación soberana del gobierno en Venezuela, inestabilidad en Ecuador, en Paraguay y en Haití, crisis económica acelerada en Argentina, entre otros problemas previsibles, esperan al nuevo presidente de EEUU.

* Economista

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