La conveniencia de un acuerdo comercial con EEUU

En nota de contratapa de «La República» del 8 de setiembre pasado, el Senador Couriel planteó un conjunto de elementos no compartibles sobre este candente tema.

En primer término considero que el sentido común nos dice que debemos partir de los expresado reiteradamente por el Presidente de la República, acerca de la decisión de alcanzar una profundización del comercio entre ambos países, en tanto que la sigla que denomine el instrumento es un asunto secundario, esto es, importando más el contenido que el nombre.

Digamos entonces que lo que se quiere es mayor y mejor comercio con los Estados Unidos, de la misma manera que con el resto del mundo, incluida nuestra región. Naturalmente, que sin desconocer las grandes asimetrías entre ambas economías, Uruguay deberá manejar en las negociaciones próximas lo que se denomina una equilibrada agenda «defensiva» y «ofensiva».

Pero pasemos a examinar algunas afirmaciones realizadas por el Senador, bajo el título: «¿Por qué un TLC con los Estados Unidos?» Partiendo de que vivimos en un mundo de bloques económicos con sus respectivos liderazgos   en América del Norte, en Europa y en Asia – concluye que Uruguay tiene para integrar y actuar en el bloque latinoamericano donde el Mercosur es una parte importante.

Sin embargo es curioso que simultáneamente omita considerar una realidad que refiere a la instalación, desde hace ya algún tiempo, de negociaciones y acuerdos de carácter bilateral entre distintos países, independiente del grado de desarrollo económico de cada uno y de las distancias geográficas. En última instancia, este elemento que forma parte también de la estructura de las relaciones entre diferentes naciones, en los hechos es parte de la denominada era de la globalización y la tendencia hacia una mayor apertura de los mercados. A manera de ejemplo, si bien existen fuertes escollos que impiden transparentar el comercio mundial que se dirime en los ámbitos multilaterales de debate, los acuerdos bilaterales contribuyen directamente a generar distintos avances de los flujos comerciales de bienes mediante el tratamiento de cupos, aranceles y preferencias.

En este sentido y con relación a la extra-región, podemos citar nuestra experiencia con México y que como tal el Presidente de la República ha manejado en varias ocasiones. Nos referimos obviamente al TLC vigente con dicha nación.

Dicho instrumento estableció entre otras cosas, la disminución de aranceles para nuestras exportaciones de carne, mientras otros competidores de fuste deben pagar impuestos mas altos; fijó un aumento del cupo anual para la colocación de quesos; estableció la liberalización de aranceles para productos del sector industrial, con algunas excepciones que van desde la desgravación a diez años en el rubro calzado; modificaciones de la unidad de medida para tejidos de lana concedida por México; y otros ítems que se mantienen en los términos acordados en el ACE 5 e inclusive la preferencia del cien por cien en autopartes de acuerdo con el ACE 55 suscrito entre el país azteca y el Mercosur.

Otro asunto no compartible es la visión que aplica el fracaso del ALCA mediante el enfrentamiento a dicho proyecto por parte del Mercosur y Venezuela, al considerarse que los subsidios agrícolas no entraban en la negociación lo cual motivó el cambio de estrategia de los Estados Unidos, favorable a la negociación individual. Sin perjuicio que el tema de los subsidios es una materia pesada y que amenaza con devorar otra Ronda, la pregunta debe ser si a pesar de ello fue correcta la estrategia continental de sepultar como bloque la negociación sobre dicho proyecto, sin haber intentado negociar algún tipo de avance. Por tanto, creemos que la circunstancia de que algunos países hayan alcanzado acuerdos bilaterales con los Estados Unidos, demuestra la inconsistencia de aquella estrategia.

Dicho de otra manera, tampoco parecería justificado que quienes oportunamente ejercieron presiones y liderazgos para rechazar el ALCA, sean quienes se rasguen las vestiduras ante la realidad de implementación acuerdos bilaterales de comercio. No obstante, parecería que la reciente postura del gobierno de Brasil hacia las negociaciones que iniciará Uruguay con los Estados Unidos, manifestada a través de la reciente visita del Presidente Vázquez, se allanaría a favor de un cambio más realista sobre esta situación.

En otro orden también afirma el Senador que los Estados Unidos tienen el interés político de afectar al Mercosur al mostrarse dispuesto a negociar con el Uruguay. En realidad este es un argumento muy blando, por dos razones: primero porque el Mercosur en su estado actual no necesitó de la intervención de los Estados Unidos para obligarnos a salir a buscar por fuera lo que la región no nos da; y en segundo lugar, porque ni el Presidente de la República ni ninguno de sus Ministros ha aseverado la intención de perforar o abandonar el Mercosur, sino todo lo contrario.

Otra afirmación discutible es cuando invoca la negociación de un tratado que será de formato idéntico al que suscribió Perú. No es aconsejable utilizar una visión tan sibilina como determinista antes del inicio de las negociaciones, cuyo resultado no puede ser predecible por la misma razón del artillero, sino que las mismas estarán enmarcadas, según el documento de evaluación preliminar de un posible acuerdo con los Estados Unidos dado a conocer por la Presidencia, en el desarrollo de una estrategia que atenderá la relación costo-beneficio sectoriales, la compatibilización de un acuerdo con el esquema de integración regional y con las normas de la OMC.

También más adelante ahonda en el factor de los tiempos para arribar a un acuerdo, dado que a Chile le llevó diez años concretar una negociación de TLC, en contraposición al que más aceleradamente firmó el país incaico. Sin duda que sería tan deseable como a la vez utópico que nuestros interlocutores en el mundo aceptaran nuestro cansino tranco, pero el Senador no debería olvidar que cuando decidimos dar el paso de integrar el Mercosur, también lo hicimos como «el entierro de Quiroga»: al galope y lloviendo.

Finalmente en lo que sí coincidimos es cuando afirma que la negociación de este acuerdo representa un cambio estratégico central para el futuro del Uruguay. Al respecto vale la cita del Presidente de la República referida al pasaje del tren, al igual que cabe recordar aquella definición que el mundo se diferencia entre aquellos a quienes les suceden cosas, otros que ven pasar cosas, y finalmente aquellos que hacen que pasen cosas. *

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