La saludable evolución del pensamiento progresista
Enrique Rubio *
En el reciente Plenario Nacional del Frente Amplio, el doctor Tabaré Vázquez, desarrolló una excelente pieza oratoria, de alto contenido conceptual, en donde llamó a trabajar en la actualización del pensamiento de la izquierda.
No conocíamos la intención de hacer este llamamiento a todos los que integramos su fuerza política, pero, más allá de la sorpresa inicial, debemos aplaudir con entusiasmo una iniciativa que institucionaliza la discusión interna, y apoyar en cuanto podamos el camino trazado por el presidente del EP y del FA.
Si la permanente renovación del pensamiento político y de las propuestas programáticas es imprescindible en general, esta idea es particularmente importante para la izquierda, fuerza de cambios en un mundo inmerso en un torbellino de transformaciones sociales, culturales, económicas o tecnológicas. A pesar de los esfuerzos y avances realizados el año pasado, que se concretaron en el programa común con el que fuimos a la contienda electoral, tenemos mucho por hacer. A mi juicio, necesitamos un cambio de mayor profundidad, más «de cabeza», cultural, que un ajuste programático. Todos los avances en este proceso de actualización hasta ahora se realizaron sorteando grandes desencuentros en la izquierda, ya que en ella subsisten diversas culturas y maneras de posicionarse frente a las nuevas realidades.
En este mundo cambiante no hay que aferrarse a rigideces que impiden adecuar las soluciones propuestas a la realidad. Frente a ese cambio vertiginoso se registran tres maneras de colocarse: una reactiva, nostálgica, que se aferra al pasado, no acepta lo nuevo y se queda atrincherada en su matriz tradicional; para este posicionamiento toda propuesta nueva implica abdicar de los principios fundamentales; al decir de Tabaré, «quien refugiándose en la nostalgia o zambulléndose en un utopismo fácil piense que se puede formular un proyecto de izquierda, se equivoca«; una segunda manera que toma todo lo nuevo en forma acrítica y novelera, que hace del «renovarse» un fin en sí mismo, empobrece su propuesta en la medida que olvida y pierde principios y valores (esta conducta se registra más en otras partes del mundo que en nuestro país); y una tercera manera, equilibrada, analítica, que busca conjugar los valores que perseguimos con los nuevos datos de la realidad con el objetivo de elaborar propuestas rigurosas y posibles. Esta es la finalidad de la política bien entendida.
Para este objetivo es necesario en primer término, partir de un diagnóstico preciso de la realidad, ya que se han producido profundas transformaciones de orden socio-económico que han modificado sustancialmente al Uruguay y al mundo. En este sentido, la izquierda debe nutrirse del trabajo de los centros de investigación, como lo hizo en el pasado, y luego abrir el debate sin dogmatismo, con rigurosidad y método, para elaborar una plataforma de acumulación de cinco o seis banderas que resulte consistente a la vez que exprese los intereses de las mayorías nacionales, evitando tomar –sin jerarquización alguna– todos los reclamos que puedan surgir de la sociedad (al decir preciso de Tabaré: «Se equivoca quien piense que un proyecto de izquierda se puede construir sumando acríticamente una serie de reivindicaciones sectoriales«). Debe asimismo desarrollar una estrategia de acción que despierte esperanzas y reivindique el interés general como el fin de la acción política.
Debe revisar los límites de la conflictiva y difusa relación entre Estado y mercado, reconociendo la emergencia pujante de un tercer sector de gestión privada pero con capital social, muchas veces solidario y sin fines de lucro, al que hay que dedicarle una importante elaboración, ya que en el presente ha desarrollado mayor vigor en la práctica que en la reflexión teórica.
La Vertiente Artiguista, que desde su creación está afiliada a la renovación del pensamiento progresista concebida como una actualización que se conjuga armónicamente con los principios que sustentan su propio compromiso de izquierda, en la actualidad se propone trabajar con entusiasmo y dedicación en esta tarea. Por otra parte, en el mes de julio la VA inició un proceso interno de similares características al que ahora se propone para el Frente y para el Encuentro Progresista. Este proceso de elaboración pasará por un encuentro nacional en octubre y finalizará en una instancia de amplia participación en el otoño del año próximo. Acerca de sus contenidos principales, al igual que acerca del proceso de actualización del Frente Amplio dedicaremos artículos futuros.
* Senador del EP-FA
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