El horror como moneda corriente

¿COMO SE EXPLICA que el Uruguay entero no se haya conmocionado cuando se confirmó que en plena dictadura, en el año 1976, el ejército ejecutó a los 22 prisioneros del segundo vuelo? ¿Cómo se explica que no haya explotado la indignación colectiva ante la ejecución masiva confirmada de presos políticos uruguayos traídos desde la Argentina, configurando un auténtico crimen de lesa humanidad? LA REPUBLICA, que ha seguido paso a paso estos hechos, con investigaciones propias de larga data, lo destacó en su primera plana, pero no todos los medios hicieron lo mismo.

Debe subrayarse que estos atentados criminales fueron deliberadamente ocultados durante 30 años, lo que entraña una gravísima responsabilidad de cuatro gobiernos sucesivos colorados y blanco desde la reconquista de la democracia. Uno de los logros esenciales del gobierno frenteamplista en año y medio de gestión es que, consustanciado con su compromiso de defensa de la democracia y de los derechos humanos, tomó las medidas necesarias para comenzar a levantar el velo sobre los crímenes de la dictadura y para aplicar correctamente el artículo 4º de la ley de caducidad. Y pese a todas las dificultades y al tiempo transcurrido, en que reinó la impunidad más absoluta, han aparecido pruebas tangibles de que la dictadura secuestró, torturó, hizo desaparecer y perpetró ejecuciones masivas de los combatientes por la libertad.

La comunicación del comandante en jefe del ejército a la presidencia de la República va en esa misma dirección, y revela un episodio trascendente en esta cadena de horrores, como lo fue en su hora el hallazgo de los cadáveres de Ubagesner Chaves Sosa y de Fernando Miranda.

Hubo voluntad política y ética de investigar, y se investigó. Y se sigue en ese rumbo. Lo que nunca hicieron los gobiernos anteriores del Partido Colorado y del Partido Nacional, juntos o separados, el gobierno frenteamplista lo está haciendo. Se está demostrando, por añadidura, la falsedad de las agorerías echadas a rodar por los anteriores gobernantes y sus voceros, por pusilanimidad, cobardía o complicidad, póngale el nombre que quiera. Los militares y policías por primera vez pisan los juzgados y están sometidos a la justicia, como debe ser. Las citaciones ya no se guardan bajo siete llaves en la caja fuerte del comandante en jefe. Conocen la cárcel en nuestro país, mientras varios uniformados están detenidos en Chile por otra causa. Se sustancian pedidos de extradición por las vías correspondientes.

Vuelvo a la pregunta inicial. A lo largo de estos 30 años, se impulsó una campaña sistemática, por todos los medios, y en particular por los voceros oficiosos de la dictadura, destinada a sofocar, a anestesiar, el sentimiento de indignación, de rebeldía, ante la sucesión de dramáticas violaciones de los derechos humanos. Estos hechos terribles, reiterados una y otra vez, pretendían hacerse pasar por sucesos comunes y corrientes. A pesar de su bestialidad intrínseca, a lo que se agregaba la mezquindad inaudita de sus ejecutores. Porque aquí se mató, se torturó y secuestró para mantener a la dictadura en el poder, pero a la vez para robar descaradamente y para repartirse el botín de guerra, millonario en dólares, como quedó claramente probado en el último episodio. Se masacró en masa para quedarse con la plata.

Hablaba de recuperar el derecho a la indignación pensando en estos sucesos uruguayos (esto sí debe incorporarse sin falta a los programas de historia nacional sometidos a debate), pero también en lo que conmueve al mundo en esta hora. El presidente Bush reconoció el miércoles 6 la existencia de cárceles secretas de la CIA dispersadas en varios continentes en donde se tortura a los prisioneros sospechados de terrorismo. Estos presos son sometidos a «interrogatorios con métodos especiales» y esa expresión textual la oí de labios del presidente frente a familiares de víctimas de los atentados del 11 de setiembre. Era el reconocimiento de que allí se practican los peores métodos de la tortura, reproduciendo aún en mayor escala lo que el mundo pudo presenciar de las aberraciones perpetradas por las tropas norteamericanas en Abu Ghraib y en Guantánamo, adonde ha sido trasladado otro grupo de prisioneros procedentes de estas cárceles secretas cuando el mundo entero reclama el cierre de la base enclavada en territorio cubano. Bush defendió estos procedimientos monstruosos, pretendiendo también hacerlos pasar como moneda corriente. *

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