Historias sobre diálogo y consensos

La rivalidad política entre Flores Mora y Ferreira Aldunate no impidió que el primero visitara asiduamente a Wilson en su domicilio. Siempre era recibido, en primer lugar, por un perro que siempre le ladraba, al que «Maneco» le gritaba: ¡salí de aquí perro blanco, asqueroso! Luego, venía el fraternal abrazo de ambos líderes.

Allá por los años 60, a un ex presidente de la Cámara de Diputados enemistado con un conocido cantor y guitarrista argentino, dueño de una vinería de la época, «Alta Mar» su nombre, se le prohibió la entrada a la misma. Problema de copas. En oportunidad de un posterior y circunstancial encuentro entre ambos en el propio Parlamento, el ex presidente no vaciló, con enorme humildad y cancha, en pedir perdón y permiso para volver a la vinería donde el guitarrista cantor nos deleitaba a todos con su música.

En los días previos a la congelación de salarios de 1968, o los inmediatamente anteriores a la dictadura, ¿cuántas charlas habrán tenido Pepe D’Elía, Héctor Rodríguez, Jorge Sapelli, Aquiles Lanza, Maneco Flores Mora o Alba Roballo, tratando de evitar lo que a esa altura era inevitable, porque los bárbaros ya no estaban dispuestos a retroceder? Conversaciones que muchas se habrán desarrollado en «boliches, ese lugar adonde se va, como los perros cuando mueven violentamente sus cuerpos, a sacudir las pulgas» como decía alguien, que todos tenemos, sean personales, sociales y políticas. Recordemos la actitud de Seregni cuando salió de la cárcel y pronunció su discurso frente a la Facultad de Arquitectura. ¿Por qué todo esto se estarán preguntando?

Hemos dicho que los consensos nacionales y sociales promoviendo estrategias nacionales de desarrollo son esenciales para países pequeños. Tenemos herramientas: el diálogo social ha inundado el país, siendo los Consejos de Salarios una prueba elocuente. ¿Oportunidad? Es bueno que se realicen en períodos de crecimiento como el actual. Porque las crisis se prestan más para especulaciones y oportunismos políticos que para arreglos. ¿Condiciones? Crecemos económicamente. Véanse los indicadores sociales. Agréguese los consensos cada vez mayores acerca de la necesidad de reformar el estado, combatir la informalidad logrando la inclusión social, evaluar las dificultades en la inserción internacional. Hay sustancia para abordarlo, con la prudencia del caso.

¿Y las veleidades humanas? Estas pequeñas grandes historias mencionadas dan cuenta del enorme capital humano y social que Uruguay posee en cuanto a capacidad de diálogo. Al pasar los años, algunos rasgos se perdieron, otros no. ¿O es que no se realizan hoy día innumerables conversaciones informales entre empresarios, trabajadores y gobernantes, luego de ásperas discusiones formales, sean almuerzos, «bolicheadas», que han contribuido al arreglo de líos de todo tipo y calibre?

Se podrá decir que los uruguayos nos miramos en el pasado. Si se trata de rescatar lo que arrastramos en esa grandota mochila histórica, cargada de recuerdos y tradiciones totalmente rescatables, entonces ¿qué hay contra el pasado? Antecedentes que nos destacan en el ámbito internacional. Y que fundamentan nuestra esperanza en poder concretar esto de lo que hoy se habla, cualquiera sea su nombre, es lo que menos importa: compromiso nacional, acuerdo sobre producción y empleo, Uruguay Productivo, etc. Salvo que se prefiera la actitud que Saramago denunciaba recientemente en un reportaje de Bitácora: «¿por qué sigue tanto a este circo? le preguntaron al hombre. Porque quiero ver cuando se caiga el trapecista y se mate». Se trata de dejarle a las generaciones venideras y actuales, un país creíble y sostenible. Hay condiciones, sustancia, herramientas e historia, que permiten pensar no sólo en la coyuntura, sino en el mediano y largo plazo. Me consta que hay varios que están en eso: gobernantes, trabajadores, empresarios y algunos otros. ¿Yo? No quiero ser un seguidor del circo. *

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