A 36 años del triunfo de la Unidad Popular
Fue una histórica noche del 4 de setiembre de setiembre de 1970 -hace ya más de 36 años- cuando desde su comando de campaña en la Alameda Bernardo O’Higgins de Santiago, el Dr. Salvador Allende Gossens, fundador del Partido Socialista de Valparaíso anunciaba a Chile y al mundo el triunfo de la Unidad Popular y el comienzo de la memorable «vía chilena al socialismo». Allende ingresó a la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile en el año 1926, siendo además Presidente de su Centro de Alumnos. Corría el año 1932 y el «Chicho» culminó sus estudios y se trasladó al puerto principal de Chile a acompañar a su padre enfermo, Don Salvador Allende Castro, militante del Partido Radical. Su madre se llamaba Doña Laura Gossens Uribe. Redacta su memoria «Higiene Mental y Delincuencia», haciendo paralelamente su práctica profesional. Tras la fugaz experiencia de la República Socialista de Marmaduke Grove, abortada por la reacción, el joven médico es encarcelado y durante su prisión muere su padre. Sobre su tumba juró dedicar su vida a la libertad de su patria. Una década más tarde se convirtió en el Secretario General del Partido Socialista de Chile. En el transcurso de 1951, impulsa la creación del Frente del Pueblo y al año siguiente se presenta por primera vez como candidato a la Presidencia del país trasandino, obteniendo 52.000 votos. Allí nació la unidad del pueblo que forjaron los patriotas chilenos socialistas, comunistas y de otros partidos y movimientos. Más allá de la derrota, e investido en su calidad de Senador, presenta en Cámara un proyecto de ley de nacionalización del cobre que se concretaría en ley de la República, promulgada un 11 de julio de 1971, con Allende Presidente de Chile desde el 3 de noviembre de 1970.
Esa fecha gloriosa es llamada en Chile el «Día de la Dignidad Nacional», pues las enormes utilidades de las que disfruta hoy –producto del cobre– se deben a Allende.
Uno de los primeros decretos del gobierno popular fue otorgar gratuitamente un litro de leche a los niños de Chile. Allende amaba a la infancia desprotegida y a los jóvenes, a su pueblo humilde y proletario, a los pescadores, a los campesinos y mapuches, a los mineros y obreros, a la mujer humilde.
Despertó en el pueblo la llama de la liberación y surgió una nueva cultura de masas que se apropiaron de su papel histórico social. 500.000 trabajadores desfilaron el 4 de setiembre de 1973, en el centro de Santiago, para decirle NO al golpe fascista.
Tuvimos el enorme privilegio de vivir los mil días del gobierno popular, y de participar entre otras movilizaciones en las jornadas de trabajo voluntario saliendo de madrugada en camiones desde el hoy Edificio «Diego Portales», junto a los compañeros a levantar casas de madera para los pobres de Chile, a hacer saneamiento en las poblaciones. Agradeceremos siempre a nuestro fallecido padre y a nuestra madre chilena habernos regalado tan formidable experiencia de vida y escuela de formación política. Aflora como un estandarte de luz en nuestra memoria el tranquilo metal de su voz en su discurso de triunfo en el que invocando al pueblo de hombres y mujeres de Chile concentrado en sus calles al regreso a sus hogares no olvidaran acariciar a sus hijos, besar a sus compañeras o compañeros, pues desde esa augural gesta de sueños y construcción, el curso de la historia de Chile comenzaría a cambiar.
Allende se erige como un prócer chileno, latino americano y mundial. En todos los confines del planeta, en cada pueblo o plaza existe un busto o estatua bajo el cual reza parte de su profético discurso en la hora de la verdad, donde con su casco de combate y la metralleta que le regaló Fidel pagó con su vida la lealtad a sus ideas, a su padre y a su pueblo. Sentenció en aquel momento trágico y desgarrador para Chile entre otras palabras y a través de Radio Magallanes: «Trabajadores de mi patria: Tengo fe en Chile y su destino. Vayan sabiendo que más temprano que tarde se abrirán las anchas alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor». Hoy, a 36 años de aquel día, gobierna desde La Moneda su compañera socialista y ex presa política, doctora Michelle Bachellet. En el en el mes de la patria trasandina, en este setiembre de culto a su valor, decimos con el puño en alto junto a millones de hombres y mujeres amantes de la palabra libertad en toda su esencia, con rebeldía y llanto, con dolor, entrañable afecto y compromiso: Compañero Presidente Salvador Allende, ¡presente, ahora y siempre! *
Compartí tu opinión con toda la comunidad