Situación del Partido Colorado

Luego de haber ejercido el gobierno en el pasado período constitucional y después de las Elecciones Nacionales de Octubre de 2004, el Partido Colorado atraviesa, sin lugar a dudas, la peor crisis institucional de su gloriosa historia.

En ese entendido, desde los más diversos observatorios políticos y ciudadanos, la triste realidad partidaria ha merecido ser descripta como la de un partido anquilosado, detenido en el tiempo, envejecido, inerte, carente de iniciativa, alejado de la gente, acartonado.

Por supuesto que el análisis reflexivo del cúmulo de factores que condujeron a la muy exigua expresión popular que hoy representa  eso que notoriamente el Partido no ha hecho todavía, a casi dos años de su más estrepitosa derrota electoral- obviamente deberá constituirse en presupuesto insoslayable para entender el proceso de crisis, para comprender su real alcance, pero fundamentalmente, para trazar las líneas maestras de la salida y de la reconstrucción partidaria.

En efecto, el marco de una apretada nota periodística no es el más adecuado para el examen integral de ese complejo fenómeno causal, ni es el propósito  mucho más llano- de estos comentarios, que apuntan a subrayar algún aspecto particularmente relevante.

Es cierto que en el ámbito partidario se ha hablado (y escrito), tímidamente, de que la principal causa de la derrota electoral fue la descomunal e histórica crisis económica y financiera que vivió el país hacia el año 2002 y como contagio de los gravísimos desequilibrios del real en 1998/1999 y de las finanzas argentinas en el 2001; de omisiones en el contralor bancario contemporáneas al quiebre financiero (Banco Comercial, Banco Montevideo); de que la gestión de gobierno, luego de muchos años en el poder, fagocitó al partido; de la escasa movilización que provocó la candidatura única en la elección interna; de la falta de renovación y de la modalidad de funcionamiento cupular; de muy malas gestiones municipales; de lamentables enfrentamientos intestinos que erosionaron enormemente al partido, hacia adentro y hacia afuera, etc, etc.

En lo personal, lo hemos dicho públicamente y lo hemos expresado en esta misma columna, creemos que si el Partido Colorado pretende recuperar el sitial de grandeza y de preferencia popular que le depara la historia nacional, deberá comenzar por reconocer sus errores.

Por tanto, no podemos menos que coincidir con la generalidad de las consideraciones autocríticas que se han formulado, al tiempo que aplaudimos su planteo.

También aplaudimos recientes iniciativas, como ser la más asidua convocatoria de la Convención Nacional y departamentales, la reformulación de la Carta Orgánica, la creación de la Fundación José Batlle y Ordóñez.

.Pero más allá de todo eso, ya excediendo el mero reconocimiento de errores, debemos francamente reconocer (como factor de fuerte incidencia en la actual situación del Partido), los casos lisa y llanamente de corrupción, que implicaron que connotados jerarcas terminaran procesados por la justicia y fueran presos, mientras que otros debieran salir de sus altos cargos por la puerta de atrás. Tal extremo posibilitó que el Partido fuera severamente cuestionado, esta vez, desde el punto de vista ético, lo que resulta absolutamente intolerable.

Entonces, el Partido debería ineludiblemente asumir que al menos en la gestión de la pasada Administración, no promovió a sus mejores hombres para los cargos de mayor responsabilidad en el gobierno.

Y ese mayúsculo error lo terminó pagando muy caro. Creemos que fue esa una de las facturas más caras que pagó el Partido en la última elección.

Podemos admitir, por fin, un Partido Colorado cuestionado, criticado política e ideológicamente, pero no sospechado. Y menos, colocados todos en la misma bolsa. *

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