El senador Heber: hombre joven de viejo estilo

n una reciente entrevista radial, el senador Luis Alberto Heber no tuvo disimulo en mostrar su malestar con el Presidente de la República y en emitir algunas no veladas amenazas de recurrir a la oposición encuentrista si su sector no es atendido según él entiende debe serlo.

No se cansó, el senador, en recordar al doctor Batlle cuánto le debía a su bandería. Todo el peso de su discurso fue sustentado en el deber de intimidad del gobierno, y el otro deber consistente en escuchar –y aceptar– las buenas ofertas que el Herrerismo hace a su asociado.

Hay una molestia evidente –dicha y no dicha– por el rechazo a la venta del capital mayoritario de Ancel, y otras que se ven más difusas. Pero lo que es más notorio es el empecinamiento de sentirse como motor del gobierno.

Viejo dicho del doctor Lacalle al principio del período, y que tuvo visos de realidad con la presentación de la Ley de Urgente Consideración y el acoso permanente al titular de la Presidencia, en un afán poco disimulado de aparecer como el real protagonista de cambios. Que no parecen ser afines al tiempo del gobernante real, y mucho menos adecuados al ritmo que el doctor Jorge Batlle quiere imprimirles.

Truquero viejo, el senador Heber dejó ver la posibilidad de votar algunos puntos de su especial interés con la oposición, concretamente con el EP. Y de esos puntos, destacó el que refiere al contencioso que el Congreso de Intendentes mantiene en la Ley de Presupuesto con el Gobierno Central.

Hasta aquí, todo bien. Pero resulta que al señor senador se le ocurrió pedir precio de inmediato. Las cosas no se hacen por justicia sino por favores.

Dijo Heber que no estarían de acuerdo con la inclusión de la IMM en el régimen de asistencia de aportes patronales para el BPS vigente para las comunas del interior.

El senador concluye que esta reivindicación es de índole corporativa: los intendentes actuarían de acuerdo para salvar a uno de los suyos.

Mala interpretación y mal juego. El artículo hace justicia en los deberes de la IMM, y el senador pervierte este sentido como forma de presión sobre el EP-FA para intentar se le concedan otros favores en la discusión presupuestal.

Es lo propio del viejo estilo.

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