Cofac, Bandes y la solidaridad venezolana
Se produjo, finalmente, la tan anunciada reapertura de Cofac de la mano de Bandes. Saludamos el hecho y deseamos éxito al nuevo emprendimiento.
Es, sin duda, el primer caso de «salvataje» de una institución de intermediación financiera sin que el Estado uruguayo haya debido erogar ni un centavo; lo que equivale a decir que ha sido un salvataje que no le costó nada a la sociedad, acostumbrada a hacerse cargo de las consecuencias derivadas de errores gerenciales o debidas directamente a maniobras delictivas.
Dice Ignacio Ramonet en un lúcido análisis sobre el «pensamiento único» del neoliberalismo que el primer principio de dicha doctrina es la prevalencia de la economía por encima de lo político. Cierto es –y Ramonet se ocupa de destacarlo– que por lo general algunas medidas tendientes a «despolitizar» la economía y las finanzas obedecen a razones políticas. El analista franco-gallego pone el ejemplo del Banco de Francia, que en 1994 fue hecho independiente del Ejecutivo para ponerlo a cubierto de los riesgos políticos, según la explicación de su director Jean-Claude Trichet: «El Banco de Francia es independiente, apolítico, y está más allá de todo partidismo», quien agregó: «Pedimos reducir el déficit público (y) llevamos a cabo una estrategia de moneda estable»; declaraciones que comenta Ramonet con esta exclamación: «Â¡Como si estos dos objetivos no fueran políticos!».
El caso Bandes-Cofac es otro ejemplo palmario de que la política no está subsumida a la economía y que muchas veces aquella domina a ésta y determina las decisiones en su campo específico. Exactamente al revés de lo que postula el «pensamiento único» del neoliberalismo, doctrina que pretende que toda actividad humana quede supeditada al dominio supremo de las leyes económicas y que, por tanto, la política sea una sierva de la economía.
Evidentemente, la decisión de Bandes de rescatar a Cofac no se debió puramente a razones de interés económico o a un afán por hacerse de un negocio redituable o floreciente. Como con razón apunta el colega El Observador en su editorial de ayer, «la crisis en la banca es una condición muy difícil de superar»; y en el caso concreto de Cofac, sus perspectivas de futuro «pasaron a amenazar pérdidas para los depositantes y censantía para el personal.» Un panorama francamente alarmante, o incluso, como expresa el editorial citado, «un clima de tragedia». Sería más que sorprendente que apareciera un inversor dispuesto a comprar la empresa, teniendo en cuenta la debilidad de la cooperativa –incapaz de hacer frente a los reclamos de los depositantes– y la consiguiente pérdida de confianza del público. Y sin embargo, la solución llegó por esa vía: apareció el inversor interesado en el rescate de la cooperativa de ahorro y crédito.
No obstante, reflexiona el editorialista a continuación: «Eso sí, no se pretenda que la brújula capaz de llevar a la solución fuera la brújula de un economista. Se trató de una brújula sui generis».
¿Y cuál es esa brújula sui generis? Pues nada menos que una brújula esencialmente política en la que se mezclan la riqueza en hidrocarburos del país caribeño, la garantía que otorga el Estado venezolano, dueño de Bandes, y la carismática figura del presidente Hugo Chávez, líder indiscutible de la solidaridad entre las naciones al sur del Río Bravo. *
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