El ayudante de pontífice sigue hablando
No podemos negar, como lectores viciosos que somos, que en muchas ocasiones leemos el diario El País porque, más allá de sus flechamientos inveterados, es un medio de información que tiene también sus cosas. Pero nunca, quizás por defender nuestra salud mental, caímos en el error de detener nuestra mirada sobre las notas del ex senador Juan Martín Posadas, un oscuro personaje que aún subsiste por esas publicaciones que deben ser el producto de la buena voluntad campechana de algún viejo amigo, porque evidentemente, no se merecen objetivamente otro destino que la papelera.
Sin embargo alguien nos advirtió que este señor, con la irresponsabilidad que le da el llano más absoluto, en un tono de genuflexo ayudante de pontífice renacentista, se refiere a Reinaldo Gargano, afirmando que al actual canciller de la República la vida no le plantea problemas «ni situaciones que exigen reflexión». Y él mismo contesta por Gargano: «Está todo escrito (en el programa del Frente y, antes, en los libros canónicos del determinismo marxista)». Y agrega: «¿Es posible no perder con él la paciencia? ¿No resultan perfectamente comprensibles los impulsos de agarrarlo del cogote?»
O sea que para este señor ser coherente con un pensamiento, con una trayectoria, respetuoso de los mecanismos democráticos utilizados dentro de su organización política para adoptar posiciones, es «no plantearse problemas» y aceptar sin chistar todas y cada una de las iniciativas. ¿Qué es lo que propone Posadas? ¿Que dirigentes que tienen una trayectoria bien clara y terminante, que han luchado por decenios por ideas que, de alguna manera, son las que la gente ha acompañado mayoritariamente para llevar a Tabaré Vázquez a la Presidencia de la República, en pocas semanas las dejen de lado y se sumen al coro todavía desafinado que aplaude todo lo que sea proveniente de los organismos multinacionales de crédito, o del gobierno de los EEUU?
¿Pretende que en los próximos 60 días –parafraseando un concepto manejado por Hugo Cores– se desconozca el producto de la lucha de los últimos 35 años? Se puede estar a favor o en contra de la posición de Gargano, pero nadie le puede negar a este viejo luchador de todas las horas del Frente Amplio la coherencia con sus ideas y su correlación con las resoluciones adoptadas por su propia fuerza política.
Esos impulsos asesinos de Posadas que, obviamente, nunca se expresaron en otras situaciones del país, porque fue él uno de quienes bajaron la cabeza en gesto de aceptación de las situaciones de impunidad que se vivieron en este país en todo este período, los podría por lo menos esconder. Y podríamos seguir con una larga historia política sobre la que no queremos cansar al lector, dada la pequeñez del personaje que no merece muchas letras más.
Bástenos un último apunte sobre el concepto de la decadencia uruguaya que maneja Posadas al final de su trabajo, al referirse a la sobrevivencia de la izquierda «exasperante», que llama, «gargarizada». Dice textualmente: «Los excesos son malos, pero el exceso de paciencia y la pasividad del Uruguay de los últimos años muestra –lo digo con dolor y culpa– nuestra decadencia»
Singular calificación que no utiliza –ni se le ocurrirá hacerlo — para analizar lo ocurrido en un país en donde la excepcionalidad era la regla, porque la impunidad a los más graves delitos cometidos jamás (los de lesa humanidad), era mantenida por la complicidad activa de los partidos tradicionales. Sin duda que a los uruguayos se nos ha terminado la paciencia, pero como aquí impera la democracia, no vamos y agarramos «del cogote» a esos cómplices, sino que nos inclinamos por un gobierno que ponga las cosas en su lugar y provoque un paulatino regreso a la normalidad en democracia, que significa que todos los ciudadanos sean iguales ante la ley.
Lástima que desde el pasado reciente sigan apareciendo estos ejemplares malintencionados, que viven metidos en torres herméticas, importándoles un bledo la suerte de la gente. *
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