Es necesaria una alternativa real al Frente
Mucha gente no percibe el cambio político y electoral que se ha producido en el país con el triunfo del Frente Amplio. A veces uno tiene el concepto de que quienes menos comprenden esta situación son los dirigentes opositores de los Partidos Tradicionales. Hoy carecen de lo que se llama «voto cautivo», una base electoral estable y firme que representa un mínimo de apoyo aún en las peores circunstancias.
En la última elección, con respecto a la anterior, el Partido Nacional tuvo un aumento de votación de casi un cincuenta por ciento. El Partido Colorado, en cambio, bajó en más de un sesenta por ciento. ¿Qué demuestra este hecho?. Que ambas colectividades, que desde 1971 sumadas vienen declinando su electorado en forma ininterrumpida, no tienen realmente apoyo estable alguno. La gran elección es a favor y contra el Frente Amplio.
Siempre habrá un cuarenta por ciento dispuesto a no votar por la coalición de gobierno. Ese grupo de gente no tiene otra forma de expresarse que a través de blancos y colorados. Sin embargo se percibe que lo hace como una manera de votar más contra que a favor de quien finalmente sufraga. Este año los Partidos Tradicionales se han dedicado desde el punto de vista proselitista a dos cosas. Atacar el gobierno, en sus aciertos y en sus errores, que los hay sin duda. Y a recordar el pasado. Los blancos con el 170 aniversario de su fundación y los colorados con la fecha del natalicio de Batlle y Ordoñez. El país, los ciudadanos y hasta el propio gobierno necesitan de una alternativa seria, actual. Con propuestas y nombres frescos. La generación que hoy cuenta con entre treinta y cuarenta años de edad no tiene cabida ni posibilidades dentro del actual esquema político del país. Y ello es grave. Ese grupo de gente lidera acciones, empresas, emprendimientos, grupos profesionales en casi todos los órdenes de la vida del país. Asume responsabilidades. En los partidos no tiene lugar. Y mucho menos en los tradicionales.
El no tener una alternativa crea incluso dificultades en el propio gobierno. Las divisiones y enfrentamientos que se observan en su seno, sin duda están potenciados porque no ven rivales o fuerzas en condiciones de disputar el liderazgo que hoy ostentan. Y eso es malo. No sirve. No le sirve a nadie.
Esta falta de lectura acertada de la realidad es llamativa en el Partido Nacional. En primer lugar por sus propios antecedentes históricos. ¿Cómo es posible que los tres líderes de esa colectividad hayan recordado su fundación y no uno de sus momentos más gloriosos, que según parece ni siquiera mencionaron? La victoria de 1958. En esto hay que reconocerles coherencia. Aman mucho más las derrotas. Por eso se pasan hablando del Aparicio Saravia del 904 y no del Herrera del 58.
¿Por qué ganaron en el 58 luego de casi un siglo de no estar en el poder?. Porque Herrera justamente comprendió entonces, con una lozanía propia de un joven ya en el ocaso de su vida y carrera cívica, que los límites de su colectividad eran estrechos y decidió ensancharlos. ¿Cómo es que hay cada vez menos Herrera y siguen con el símbolo de la derrota que, aunque muy respetable, es Aparicio Saravia?. Esto es trágico porque es evidente que es la fuerza política en mejor condición para articular una gran alternativa de carácter nacional al Frente Amplio. Están desperdiciando la oportunidad.
Lo del Partido Colorado es diferente. No es trágico. Es patético. Con los líderes de siempre, cada vez más limitados en cuanto a trascendencia real de sus propuestas y posiciones. Rodeados de un conjunto de dirigentes de segundo nivel que también van envejeciendo sin haber sido capaces de plantear opciones y alternativas propias. Eso sí. Todos juntos. En la misma foto. Alrededor de la mesa de siempre, con los cuadros de toda la vida. En realidad conforman un esquema de otro tiempo, sin cambios o posibilidades de propiciarlos.
Mientras tanto el país se orienta cada vez más a un sistema de democracia con partido o tendencia dominante. Que si no fuera por errores propios sería casi excluyente. A uno se le ocurre que tiene que haber gente dispuesta a ayudar. A intentar cambiar este estado de cosas. A utilizar la política como un espacio creativo. No comprometido. No especulativo. Proclive solo a servir al país. Es evidente que debe producirse una reacción. Que habría que pensar en alguna fórmula para que los que no quieren votar al Frente en la próxima elección puedan hacerlo con alegría. Y no teniendo que seguir el respetable sobretodo de Batlle y el poncho de Aparicio Saravia. Esa fue una etapa gloriosa. A la que no hay que renunciar, pero da la sensación que algo cambió en el mundo y también en el Uruguay desde entonces. *
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