El Mercosur y sus papeleras

Vamos por partes.

Si hay alguien que se creyó el cuento del ambientalismo argentino y su preocupación por los pajaritos que se «vuelen», las tarariras y mojarras que desaparezcan y el olor a podrido que puede haber en el futuro del Río Uruguay, es un perfecto imbécil. Y si aún quedara algún despistado que pueda creer en el afecto, cariño y amor que jamás tuvieron los argentinos por los orientales, es más tarado aún. Los de Botnia, cuando se les ocurrió poner las papeleras en la zona, lógicamente se lo propusieron primero a los argentinos. Y es lógico. Mayores medios, recursos económicos y mercado facilitado muchísimo más grande. Razones múltiples propias del doctor Perogrullo. Pero para la voracidad «coimisionera» porteña y entrerriana, que no son un país en serio, fue de tal magnitud, que los de Botnia que serán fineses pero no idiotas, se volcaron al Uruguay que humildemente sólo pedía fuentes de trabajo y productividad. O sea, desde la «oblicua» visión de su presidente, pasando por su calvo y «ligero» gobernador entrerriano y terminando por algún «manicero» de Gualeguaychú, lo que importa es el negocio «pipón» aparentemente perdido y no el romántico perfume de las flores que se les interesa un carajo. Todas las veces que pudieron a lo largo de la historia, hicieron lo imposible por jodernos y fagocitarnos. El que lo dude, «médium» mediante, que se lo pregunte a don José Artigas y verán lo que les contesta.

La segunda y fundamental razón es de similar ética. EL mercado del papel en el Continente lo manejan los porteños que tienen varias pasteras en su territorio sin importarles el medioambiente, los brasileños y en menor medida los chilenos. Ello implica manejar la producción multimillonaria en dólares en un mercado donde no hay otra competencia y los precios son puestos a su antojo. Si entra un cuarto país más, Uruguay, necesitado de medios económicos, es obvio que distorsionaría el mercado con fábricas más modernas, con técnicas de avanzada para el proceso productivo mayores que las obsoletas existentes en los suyos. Buen negocio para los orientales que parten de cero y todo les sirve, y malísimo para esos «hermanos fraternos y cariñosos» que tanto nos «aman», y ven menguar sus arcas. Que me disculpen los ideólogos de El País incluyendo los de mi Partido Blanco, pero jamás creí en el «lirismo bienaventurado» del Mercosur.

Será cierto que lógicamente en teoría, el comerciar todos juntos en block es más pesado y útil sin perjuicio de lo práctico, que el ir solo. Máximo si el que vende u ofrece es un país débil o chico. Macanudo. Pueden ser razones válidas, es obvio. Pero eso sería cierto si en el Continente e incluso en el mundo entero las razones entre países fuesen desinteresadas y generosas. Y jamás fue así. Los países grandes en este caso Argentina y Brasil que no son excepciones a ninguna regla, tratan de fagocitarse a los chiquitos y débiles. El único «gran hermano» que tenemos, puede y en los hechos es, el Paraguay. Que adolece de las mismas carencias que nosotros. Y si alguna duda cabe, remitirse a la vieja historia de ambos. ¿Quiénes fueron los más feroces enemigos del padre Artigas y del Mariscal Fco. Solano López? Los «porteños y los cambas», asociados con traidores que por desgracia había algunos cuantos. Y hoy se repite la historia mientras Argentina avanza. Lula se hace el distraído y los chilenos «chiflan pa’ arriba». Los que demuestran cariño solidario aunque poco o nada pueden hacer son los «paraguas». Y con el tiempo, lo peor no será esto.

Ya lo predijo el doctor Herrera. Los peores enemigos que tenemos los orientales, partiendo de la base que todos los imperios son malos para las patrias chicas, son los aspirantes a serlo. Máxime los trasnochados como la Argentina y más realista el Brasil. Siempre nos quisieron «tragar» como simple provincia y los «morochitos» de arriba con sus viejas tesis que el Plata debe ser su frontera natural del sur. Con los mejores puertos naturales del área continental sureña. Llámese Montevideo, Maldonado, etcétera. Agréguese el futuro negocio súper productivo que es el acuífero Guaraní, cuyo «bolsón» principal está debajo nuestro.

No quiero ser «zahorí», pero de seguir así como hasta ahora el Mercosur, que al igual que todos los similares organismos internacionales protegen a los poderosos la mayor parte de las veces y cuando no, se hacen los distraídos aceptando los «vetos» imperiales que terminan en lo mismo, prefiero «lamerme» solo que estar mal acompañado.

El Mercosur no nos ha servido para nada. Ni una a favor. ¡Al Uruguay y Paraguay ni nos consultan! Y cuando nos pueden pisar, caso de las papeleras, ¡nos pisan!

¡Estamos de «hijos de la pavota»! *

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