La oposición sin rumbo
Se cumplió el martes la muy anunciada doble interpelación que tanta expectativa había generado. Asimismo, el resultado de la instancia parlamentaria no fue otro que el también muy anunciado de que la misma no tendría consecuencia política alguna.
Cuando el partido gobernante cuenta con mayoría absoluta en ambas cámaras, y cuando las diferencias internas –inevitables en toda fuerza política– no son sustantivas, como es el caso del Frente Amplio, las probabilidades de que se vote una moción de censura son bastante remotas.
Esta circunstancia no es ignorada por la oposición. Y la instancia sirvió para que el partido de gobierno limara las asperezas, superara las desavenecias, soslayara las diferencias de criterio y estrechara filas para enfrentar la embestida opositora comandada por el sanducero presidente del H. Directorio del Partido Nacional.
Las fisuras que la oposición esperaba que surgieran en el decurso de la interpelación y que el interpelante se proponía ahondar no se hicieron visibles. Antes bien, los representantes del Ejecutivo exhibieron en todo momento una unanimidad de criterios y una concordancia de puntos de vista que sorprendieron y desacomodaron al adversario. Si lo que la oposición pretendía era desnudar las contradicciones del partido gobernante y dejar en evidencia las contradicciones y diferencias de enfoque dentro de la coalición de izquierda, se puede concluir que no logró su propósito, pues a los ojos de la opinión pública el gobierno salió fortalecido, dando una imagen convincente de cohesión interna.
Es hora de que los partidos relegados al llano revean su postura y su estrategia opositora, que hasta ahora no ha dado los frutos esperados. Por más que el interpelante haya acusado al gobierno de llevar adelante un accionar improvisado, la comparecencia conjunta de los ministros Gargano y Astori, sus afirmaciones concluyentes, permiten desterrar la idea de improvisación.
Y llama la atención la queja que el doctor Larrañaga deslizó durante su intervención, en el sentido que no hay una política de Estado y que el gobierno ha llevado adelante, desde su asunción en marzo de 2005, una «política de partido».
Mal puede el dirigente nacionalista cuestionar al gobierno cuando él mismo se ocupó de cerrar las puertas a cualquier participación de la oposición en el gobierno. Recordemos que poco después del triunfo de octubre, el flamante Presidente electo convocó a los líderes del resto de los partidos para invitarlos a integrar el gabinete. Ante la negativa de éstos, el doctor Vázquez les propuso participar en la dirección de los organismos estatales. En tales tratativas transcurrió el verano sin que se llegara a un acuerdo, hasta que el Presidente dio un plazo para la respuesta del Partido Nacional a su ofrecimiento. Los blancos se agraviaron ante lo que consideraron un emplazamiento, lo que levantó sus iras y los llevó a rechazar los cargos ofrecidos. De modo que su reclamo actual no es legítimo.
En fin, el episodio de la doble interpelación ha desnudado la orfandad de ideas, de iniciativas y de propuestas de que adolece la oposición. Esperemos que de ahora en adelante los partidos del llano procedan a una autocrítica y encuentren el rumbo correcto. *
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