Segar y cegar no es lo mismo
Una información aparecida en nuestra edición de ayer, lunes 21, da cuenta de la peculiar situación que se vive en Mercedes, donde en poco tiempo los homicidios se han multiplicado conmoviendo la pacífica convivencia de los vecinos.
Pero no es mi intención referirme a esa dolorosa situación, sino a que en la redacción del informe de marras se deslizó un error ortográfico que altera por completo el mensaje. Dice así: «Cuando la sociedad mercedaria comenzaba a recuperarse del impacto que significó el triple crimen que cegó la vida del matrimonio Gutiérrez Aguirre y su hija, otro nuevo impacto golpeó fuerte al conocerse el pasado lunes 7 de agosto que un hombre había sido asesinado de cinco balazos».
Confieso que nunca había oído que una vida pudiera ser cegada, es decir que una vida quedara ciega; algo así como decir que una vida fue ensordecida. Había oído sí que alguien podía llegar a cegarse de celos («y hoy al verla envilecida y a otros brazos entregada, fue pa’ mí la puñalada y de celos me cegué», como reza el tango Tomo y Obligo, que nos aconseja no enamorarnos porque las mujeres son todas iguales, y tarde o temprano, zas, nos engañan con el amigo más fiel). Otro sentimiento que tiene la potestad de cegar, además de los celos, es la rabia o la ira que, como buenas grelas, no son merecedoras de nuestra confianza.
Recordemos que cegar significa «perder enteramente la vista; quitar la vista a alguno; quedar uno momentáneamente ciego por una luz intensa y repentina; turbar la razón», etcétera.
Después de lo dicho, queda claro que se debería haber escrito «…el triple crimen que segó la vida del matrimonio Gutiérrez Aguirre…». El verbo segar significa «cortar mieses o hierba con la hoz, la guadaña o cualquier máquina a propósito; cortar de cualquier manera y especialmente lo que sobresale o está más alto; y en sentido figurado, cortar, interrumpir algo de forma violenta y brusca». Por eso la Parca suele representarse con la guadaña, porque siega vidas.
Estos errores ortográficos ocurren en Hispanoamérica, donde los grafemas ce y ese representan un único sonido, a diferencia de la mayor parte de España, donde se distinguen dos fonemas claramente diferenciados. Al oído de los hispanohablantes no peninsulares suenan igual casa que caza, vez que ves (del verbo ver), sita que cita, cocer que coser, haz que has (del verbo haber), encausar que encauzar, etcétera.
–Lo que es muy bueno para la vista y evita la ceguera es la caña brasilera cortada con cointreaux…
–¡Qué lo parió! *
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