Aquietando las aguas
La semana se inicia con dos acontecimientos políticos que revisten una innegable relevancia.
Ayer se llevó a cabo el anunciado encuentro del Presidente de la República con los líderes de todos los partidos políticos, los que conforman la oposición, y también la coalición de izquierdas en el gobierno. El otro hecho, que tendrá lugar hoy en el Parlamento, es la doble interpelación a los ministros Gargano y Astori. De esta interpelación, promovida por la principal fuerza opositora, el Partido Nacional, nos ocupamos en nuestro editorial del domingo pasado. Dijimos entonces que este partido –que está en todo su derecho de controlar al Ejecutivo– tratará de que aparezcan las contradicciones que todos sabemos existen entre los dos secretarios de Estado, diferencias de enfoque que nadie oculta, pero que no significan en ningún caso que la política del gobierno se oriente por el camino planteado por uno u otro. Habrá que ver cómo se desarrolla la instancia parlamentaria que, no obstante su inocultable importancia, no ha de tener consecuencias políticas desde el momento que la oposición no cuenta con los votos necesarios para obtener una moción de censura. A nadie escapa que las consecuencias reales de la previsible gimnasia dialéctica que seguramente ha de desplegar el senador Larrañaga no pueden ser más que el resultado positivo o negativo en la opinión de algunos atentos lectores de diarios. Por lo demás, no existen posibilidades de pronunciamientos adversos, ni de cuestionamientos que puedan modificar las políticas y, ni siquiera, ser un llamado de atención para el gobierno.
Pero vayamos a lo ocurrido ayer en la Residencia Presidencial de Suárez. El motivo de la convocatoria del doctor Vázquez era el de informar a los dirigentes políticos sobre la visión y el propósito del gobierno en lo que tiene que ver con un posible acuerdo comercial con EEUU. A tal efecto, el presidente entregó a cada uno de los participantes un breve informe producido por la comisión interministerial que tiene a su cargo el análisis del eventual tratado.
Al concluir el encuentro, los líderes opositores exhibieron una cierta decepción. No sabemos qué esperaban de dicho evento, por lo que no podemos saber por qué sus expectativas aparentemente no se vieron colmadas.
Lo que importa es que el presidente Vázquez –en la rueda de prensa posterior a la reunión– «bajó la pelota al piso» en el espinoso asunto del tratado con EEUU. Fue claro y preciso, y si no fue más explícito en las características del acuerdo, es por la sencilla razón de que las negociaciones entre representantes y técnicos de ambos países no se iniciarán sino en octubre próximo. Mal se pueden brindar detalles de la marcha de un acuerdo cuando las partes ni siquiera se han sentado a conversar para plantear condiciones o pretensiones.
El doctor Vázquez ha sido claro y ha aportado la necesaria cuota de tranquilidad respecto de un asunto que ya ha generado una expectativa singular. Ha reiterado que se está en una etapa de exploración y que se están sopesando los pro y los contra de un eventual acuerdo comercial, siempre en un terreno hipotético y teniendo en cuenta las características de los tratados firmados hasta el momento.
Sólo podrá hablarse de la «marcha de las negociaciones» cuando efectivamente éstas hayan comenzado. Hasta entonces, es preciso aquietar las aguas y tener la necesaria frialdad y capacidad de análisis. Sin caer en tremendismos que a nada conducen. *
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