TLC: no aceptar lo inaceptable
Respecto al posible enfrentamiento que se ha dado, por algunos grupos políticos del FA y grupos sociales y sindicales tales como Fucvam, PIT-CNT y FEUU, enfrentados con una parte mayoritaria del gobierno (los que realmente «cortan el bacalao» y algunos otros que siguen incondicionalmente a éstos, convencidos de su_misión… «patriótica») decididos, los últimos, a aprobar, pese a quien pese una «especie» de tratado de comercio, libre (para USA, y restringido para nosotros), de denominación incierta pero de contenido inaceptable, se destaca, por ser un hecho, lamentablemente poco común, la importante movilización llevada a cabo el miércoles 9 del corriente a pesar del tiempo inclemente, con la participación de los grupos citados inicialmente. Su plataforma, clara y con profundo contenido ideológico antiimperialista, recoge el sentir básico de sus naturales participantes. Pero, sin embargo, conlleva un peligro que ha quedado de manifiesto en inmediatas intervenciones de compañeros políticos de primer nivel en sus grupos políticos y en el FA todo. Algunos declarados participantes y apoyando la movilización citada. Así, el compañero senador Lorier, luego de realizar una muy clara exposición de explicación compartible de dicha plataforma convocante, nos dice algo no expresado en su anterior alocución:
«(…)Primero un rechazo muy fuerte a un TLC con EEUU, en forma y contenido. Pero, en segundo lugar, al mismo tiempo, sí a los acuerdos comerciales con EEUU y con cualquier país del mundo, que no signifiquen contrapartidas lesivas para la soberanía nacional y que no perjudiquen al Mercosur»
Paralelamente, el compañero diputado Conde nos dice respondiendo a la pregunta del periodista:¿Cuál es la posición del FA (respecto a la firma de un TLC con USA)?:
«El FA no se opone a que se busque la posibilidad de acuerdos de comercio con EEUU y otros países. Pero esto no implica aceptar los contenidos típicos de los TLC del formato que EEUU está presentando en la actualidad como oferta de negociación con países de América Latina». Y luego de exponer muchos ejemplos de inconveniencias inaceptables en esos TLC que ofrece EEUU remata con:
«Queremos un acuerdo de comercio, (¿con EEUU?), que no lesione nuestras posibilidades como país» y agrega, interpretando muy indulgentemente la posición del presidente Vázquez, que «debemos encontrar una fórmula de negociación (comercial) con EEUU, compatible con el Mercosur.» Y culmina con otra frase preocupante, refiriéndose a lo que pasará de aquí hasta la definición que predice para octubre: «creo que hay espacio para negociar, para matizar, para ser razonables».
Hasta aquí lo expuesto por sendos actores políticos de primera línea. Ahora el peligro que detectamos en esas palabras. Dicen:
1-Sí a los acuerdos con EEUU, que no signifiquen contrapartidas lesivas para la soberanía nacional y que no perjudiquen al Mercosur . ¿Es esto posible? Pensamos que no, y por tanto, prever esa posibilidad encierra, desde el pique, el peligro de que «el gobierno», pesos pesados mediante, incluido el Presidente, nos convenza de que se ha logrado un exitoso tratado sin contrapartidas lesivas para la soberanía y sin perjuicios letales al Mercosur.
Como ocurrió en el caso del Tratado de Protección de las inversiones yankis (TPIY), en el cual el enunciado de las mejoras obtenidas (?) no resiste el mínimo análisis objetivo, siendo el resultado obtenido aun peor que el del proyecto aceptado por J Batlle. E igualmente se votó por la bancada frentista, salvo alguna honrosa excepción, cuando había un mandato expreso de la Mesa Política en el sentido de no definirse en el Parlamento, hasta tanto no se hubiera decidido en la fuerza política.
2-Queremos un acuerdo comercial con EEUU que no lesione nuestras posibilidades como país y (que sea) compatible con el Mercosur.
Otra vez estamos ante un imposible, tal como el de pensar que se pueden poner ovejitas y chacales en un mismo corral y van a llegar a un tratamiento mutuo justo y civilizado.
3- Y para finalizar, la inocente creencia de que «hay espacio para negociar, para matizar, para ser razonables».
Otra vez me surge el triste y reciente ejemplo del TPIY. Después aparece el Presidente, pesando, con la innegable enjundia de su discurso, que se ha hecho lo posible, que hemos logrado negociar de igual a igual con la mayor potencia del mundo, y que obtuvimos buenas concesiones. Y entonces, ¿cómo no vamos a firmar?
Y ahí se acaba, de golpe, la presunta oposición.
Vamos a ser claros. Estamos contra el TLC o con la denominación que se le quiera dar, por las mismas razones por las que la Coordinadora M del FA decidió, hace unos días, rechazar la propuesta de donación del Comando Sur de USA en Santa Catalina. Ni más ni menos que por la catadura moral del interviniente. Y sin hacer otras averiguaciones. Punto. Aquí no hay espacio para «transas». Tampoco para «matizar», que es una forma de disfrazar la entrega.
Y si dejar de lado principios y razones, para aceptar lo inaceptable, es ser «razonables», prefiramos correr el riesgo de ser tachados de irracionales. Con la «irracionalidad» con que se hubiera jugado el padre Artigas en la ocasión.
Que quede claro. No vamos a acompañar ninguna otra cosa que no sea pelear por un mejor lugar en el Mercosur, desistiendo de todo tratado con el sangriento imperio, por la «minúscula» razón de ser ambas decisiones total e irreversiblemente incompatibles. Y alertamos a los compañeros que pudieran tener dudas aún, a abandonar posiciones teóricas imposibles, que lo que hacen, definitivamente, es hacer que dudemos de la honestidad de sus verdaderas intenciones, debilitando el acceso de otros compañeros a la patriótica causa. *
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