Genocidio en Líbano

Lo del Líbano pasó a ser un crimen de lesa humanidad. No hay dos opiniones decentes que lo vean diferente. Un país inerme por carecer de fuerzas armadas eficientes con armamentos adecuados o aptos para evitar las incursiones de tropas enemigas que arrasan su territorio. La destrucción es total. Las ciudades en ruinas, sus servicios esenciales destruidos, sus medios y recursos económicos arrasados y un futuro, hasta como nación independiente, muy dudoso. Y acá, vale una reconvención. Si EEUU no estuviese «bancando» todas estas guerras propias y ajenas en el Golfo Pérsico y aledaños, no habría enfrentamientos, al menos de la magnitud y consecuencias que a medida que pasa el tiempo se agravan en ferocidad y destrucción masiva. Su apoyo militar, medios económicos e intervención directa y despiadada se le contrapone la reacción nacionalista natural árabe. Que si bien, han llevado la peor parte como es obvio ante la diferencia de fuerzas, también en la medida del tiempo que pasa, se refuerzan y tecnifican.

El territorio de Líbano es un «vergel». La mayor parte de su existencia milenaria, gozaron de prosperidad. Son los antiguos fenicios. Con un comercio también milenariamente próspero. En una sociedad ejemplar en su organización y humanismo. Tradiciones que mantuvieron hasta nuestros días. Salvando las distancias y los tiempos, en comparaciones siempre odiosas, puede caber parangonarlos como si mañana, países poderosos y apoyados por el imperio técnica y militarmente mayor, arrasaran el Uruguay para quedarse no con el petróleo de que carecemos, pero sí con el agua que nos sobra y va a faltar para entonces. Supóngase por un instante, amigo lector, que un misil entre miles, propios de un bombardeo como el que sufre Beirut, cayese en Montevideo en similar circunstancia, sobre la escuelita donde asiste su pequeño hijo o nieto y con otras 32 criaturas y en bolsas de nailon se los entregan en pedazos después que los dejó sanos y salvos. ¿Quién se responsabilizará por esos inocentes que no importa de qué nacionalidad sean, solo son niños, víctimas de la posesión del petróleo allá o del agua mañana, acá? ¡La ONU quiso intervenir para detener la masacre y los EEUU se opusieron! ¡Increíble! ¿Para qué sirve la ONU entonces? Es muy cierto que ya hay una opinión mundial que habla y condena aunque mal no sea moralmente por primera vez, sin temor.

Nadie apoya las guerras y genocidios que se producen particularmente sobre la población civil y niños. Caso del Líbano. Esta guerra, que se creyeron iban a dar un paseo por la «costanera» para los yankis y asociados, pone de manifiesto un error de cálculo monstruoso. Los árabes ni eran tan débiles ni tan «jodidos». Y por supuesto quieren y aman sus arenales donde nacieron, y que legítimamente les pertenece lo que está «debajo». Por lo visto no piensan «aflojar». La misma Irak y Afganistán que el sheriff Bush las dio por liquidadas en dos meún no las conquistaron. Y el petróleo y el gas natural de uno y otro, aún no es de ellos. Mientras, sigue el desfile de féretros para los EEUU. ¿Vale la pena? Irán y Siria ganan tiempo mientras tanto, que les corre a favor. ¡Cuánto más tiempo tengan, más avanzan por el «petardito»! Lo cierto es que si no hay voluntad de paz y concordia cediendo lo que legítimamente le corresponde a cada uno, se van arrimando a una tercera conflagración mundial. Y no se piense que nosotros no corremos riesgos pues estamos lejos. La ambición y globalización es enorme.

El propio presidente Chávez, y con razón, está justo frente al «monstruo» (también tiene petróleo, tercero o cuarto productor), se ve obligado naturalmente a juntarse con sus similares en materia de «problemas». O sea, el cerco se cierra desde ambas partes y nadie está a salvo. Mientras tanto, el sheriff Bush y la Condoleezza se dedican a «talentear» y amenazar perdiendo el tiempo sobre el futuro de la pequeña y sufrida isla de Cuba. *

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