Orígenes de la violencia autoritaria en Uruguay
La conmemoración el pasado jueves 17 del cuadragésimo quinto aniversario de la presencia del entonces integrante del gobierno cubano Ernesto «Ché» Guevara ha permitido evocar algunas circunstancias específicas en lo que fue el proceso que condujo a la instalación en nuestro país de una dictadura cívico-militar.
En aquel 17 de agosto de 1961, Guevara formuló un diagnóstico preciso acerca de las causas por las cuales los pueblos del continente sudamericano sufrían las amargas consecuencias del subdesarrollo y denunció el afán de dominación y la perspectiva del fracaso que acechaba a la iniciativa norteamericana pomposamente denominada «Alianza para el progreso».
Pero no es del contenido premonitor del discurso pronunciado por el lúcido dirigente argentino-cubano del tema del que queremos hablar. Más bien de los hechos que en aquella noche con final trágico se sucedieron vertiginosamente.
En su serena y profunda reflexión, a Ernesto Guevara no se le habían pasado inadvertidas las condiciones político institucionales en las que vivía nuestro país. Consideró excepcionales para Latinoamérica no solo las realidades vigentes en nuestro país sino también en Chile. Sostuvo que, mientras esto fuera posible, lo conveniente para los revolucionarios que luchaban por el socialismo era agotar las vías legales y pacíficas.
En forma paradójica, y sin que mediara ningún acto violento por parte del público asistente al acto, esa noche cayeron sobre el público que se retiraba del Paraninfo de la Universidad, las balas de grupos de extrema derecha emboscados para disparar contra Guevara.
En esas condiciones fue ultimado Arbelio Ramírez, un profesor de Historia, de alrededor de cuarenta años de edad y poseedor de un gran prestigio académico, docente (era profesor en el Liceo Nocturno) y personal.
Los responsables de aquel crimen nunca fueron encontrados, a pesar de que algunos nombres se denunciaron. Hubo protestas en el Parlamento por lo que aparecía como siendo una forma de complicidad policial con los grupos de extrema derecha.
En aquel momento la doctora Alba Roballo, senadora nacional, publicó un poema magistral en homenaje a Arbelio Ramírez, considerándolo como el «primero de los muertos» del pueblo en la represión que se desataba.
La evocación realizada en el homenaje recordó también cómo, desde los años anteriores a la victoria de Fidel Castro en Cuba, ya existían en el país organizaciones que actuaban como las fuerzas de choque, características del fascismo europeo, que procuraban destruir a las organizaciones de masas, tanto en el plano sindical, como estudiantil y político.
Cuando Fidel Castro y el Ché Guevara todavía combatían en la Sierra Maestra contra la sangrienta dictadura de Batista, en nuestro país grupos como el MEDL (Movimiento Estudiantil de defensa de la Libertad), la LOA (Liga Oriental Anticomunista) y el Fedan (Frente Estudiantil de Acción Nacionalista) desplegaban sus acciones terroristas contra actos, organizaciones o locales pertenecientes a partidos y sindicatos legales en los que actuaba la izquierda.
Prácticamente nunca hubo responsables presos por esas acciones terroristas. La precisión es pertinente pues no han faltado quienes, desde publicaciones oficiales realizadas durante el período de la dictadura hasta en obras más recientes, pretenden situar el comienzo de la lucha armada en el Uruguay como un fenómeno de exportación, sea soviética sea cubana.
La secuencia de los hechos muestra que las agresiones contra el orden institucional y contra el sistema de garantías democrático se iniciaron contra la izquierda y las organizaciones populares. Y no por parte de éstas por inducción o sugerencia proveniente del extranjero. *
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