Del virreinato al Mercosur

El 14 de enero de 1809 se firma el tratado anglo  español (Apodaca-Canning) por el cual España logra los auxilios de Inglaterra contra las fuerzas invasoras de Napoleón. La ayuda inglesa se hacía a cambio de la entrega de los mercados internos americanos al comercio británico. En esos tratados figuraba una cláusula destinada a «otorgar facilidades al comercio inglés en América». Serán las franquicias para la libre introducción de manufactuaras inglesas, el llamado «libre comercio».

En julio de 1809 llega a Buenos Aires el nuevo virrey, Cisneros, y se encuentra con una flota de barcos mercantes ingleses en el puerto de la ciudad, esperando el cumplimiento de los acuerdos firmados en España. Los representantes ingleses apremian al nuevo virrey para la introducción libre de dichas manufacturas. Ante los hechos, Cisneros consulta al comercio local, convocando al Cabildo. Es ahí donde aparece Mariano Moreno, con su Representación de los Hacendados, primer documento de los intereses de los agroexportadores porteños. Su bufete asesoraba a Mr. Alex Mackinnon, presidente de la Comisión de Comerciantes de Londres en Buenos Aires.

Tomarán forma política las fuerzas sociales generadoras de todos nuestros dramas hasta el presente. Los representantes del puerto, «bomba de succión imperial», tendrán hábiles y brillantes publicistas. Pero los intereses locales también los tendrán. En las sesiones del Cabildo se oyeron las voces del comercio local. Un representante, Yañis, dijo: «Sería una termeridad equilibrar la industria americana con la inglesa. Estos audaces maquinistas nos han traído ya ponchos que es el principal ramo de la industria cordobesa y santiagueña, estribos de palo dados vuelta al uso del país, sus lanas y algodones que a más de ser superiores a nuestros pañetes, zapallangos, bayetones y lienzos de Cochabamba, los pueden dar más baratos, y por consiguiente arruinar enteramente nuestras fábricas y reducir a la indigencia a una multitud innumerable de hombres y mujeres que se mantinen con sus hilados y tejidos(…) Es un error creer que la baratura sea benéfica a la Patria; (argumento de los defensores del libre comercio hasta el día de hoy), no lo es efectivamente cuando procede de la ruina de la industria, y la razón clara: porque cuando no florece ésta, cesan las obras, y en falta de éstas se suspenden los jornales; y por lo mismo, ¿qué adelantan con que no cueste más que dos lo que antes valía cuatro, si no se gana más que uno?».

Otro representante del comercio local, Agüero, se expresaba así: «Las artes, la industria, y aun la agricultura misma en estos dominios llegarían al último grado de desprecio y abandono; muchas de nuestras provincias se arruinarían necesariamente, resultando acaso de aquí desunión y rivalidad entre ellas (…) ¿Qué será de la Provincia de Cochabamba si se abarrotan estas ciudades de toda clase de efectos ingleses? ¿Qué será de Córdoba, Santiago del Estero y Salta?».

La guerra comercial es introducida por los ingleses al interior americano. Serán los intermediarios de ese comercio portuario los encargados de encender la guerra civil, llamar a las intervenciones extranjeras, sublevar militares que en nombre del «libre comercio» nos vienen asolando desde hace dos siglos.

De los bufetes de sus empresas, usufructuarias de nuestro proteccionismo industrial, empezaron a salir publicistas y gobernantes. De nuestra universidad, sus tecnócratas. De sus agencias de inteligencia, nuestros comisarios. De sus escuelas «de las Américas», nuestros oficiales militares. Y nos convirtieron en aquello, tan incomprendidamente despreciado por nuestra intelectualidad: una «republiqueta bananera». (Perdón, «eucaliptera»).

Así como aquella España en desgracia, afligida por las huestes napoleónicas, hubo de firmar los primeros «tratados de libre comercio», las oligarquías mercantiles, endeudadas en su guerra contra España, firmaron a su vez otros tratados de «libre comercio», con cláusulas de reciprocidad que ponían en igualdad a la inexistente industria y marina mercante colombiana con la inglesa. Proclamando la «libre navegación recíproca del Támesis y del Orinoco». Hicieron decir a Simón Bolívar que «tenían la misma igualdad que un quilogramo de plomo respecto a un quilogramo de oro».

Inglaterra y sus intermediarios locales destruyeron una unidad americana de dos siglos en dos décadas. Las guerras civiles sustituyeron a las de conquista: «Inglaterra no necesitaba súbditos sino clientes». Los hijos de «inglalaperra» se esfuerzan por impedir nuestra reunificación más allá del Virreinato, el Mercosur. Con menos ingenio que la «pérfida Albion», nos traen el ALCA.

No precisan ser ingeniosos los que cuentan para afianzar su prosperidad con la estulticia ajena. *

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje