Nuevos pasos hacia la verdad y la Justicia
La comparecencia ante el juez Luis Charles y la fiscal Mirtha Guianze en el Juzgado Penal de 2º Turno, de Jorge Silveira y José Gavazzo, indagados por la desaparición de Washington Barrios, Adalberto Soba y Alberto Mechoso constituye un hecho de enorme significación.
El lunes 14 significará el traspaso de un nuevo mojón en el largo proceso por el restablecimiento de la verdad y por la realización de la justicia. El demorado interrogatorio realizado en el Juzgado Penal de 2 º Turno constituye una pieza inicial significativa para conocer cuáles son los conceptos y los hechos con los cuales los militares uruguayos que participaron en violaciones a los derechos humanos en otros países de la región pretenden defenderse.
Aunque de los hechos nos separan treinta años, las instituciones uruguayas no poseen una respuesta acerca de las graves e hirientes interrogantes que dejaron aquellos años en una materia tan dolorosa como la desaparición forzada de personas.
No la tiene el Poder Judicial, que recién ahora da sus primeros pasos en la indagación de los hechos. No la tienen las fuerzas armadas que se negaron a procesar las investigaciones que se debían a sí mismas y sobre todo que le debían al resto de la sociedad. No las tiene el Poder Ejecutivo que sustituyó la labor de recoger datos por una farsa impresentable decidida por Julio María Sanguinetti y llevada a cabo por el coronel Sambucetti, él mismo acusado por violaciones a los derechos humanos.
La locuacidad demostrada en la emergencia por José Gavazzo no resulta sorpresiva. El individuo buscó acomodar sus declaraciones a las exigencias previsibles en un marco político que ha cambiado sustancialmente. Ya no están en el gobierno, ni en Argentina ni en Uruguay, los amigos de la impunidad, los cómplices civiles del terrorismo de Estado como Sanguinetti o Menem.
Bien por el contrario, los gobernantes actuales aparecen impulsando políticas destinadas a la reconstrucción del Estado de derecho sobre la base del conocimiento de la verdad, la aplicación de la justicia, el restablecimiento del rol del poder judicial como un sistema dotado de independencia, calificación y jerarquía moral.
No se está hoy en condiciones de hacer una valoración exhaustiva de las declaraciones de los militares acusados. Han trascendido algunos fragmentos aportados por testigos. Pero se dice que el interrogatorio se extendió por nueve horas. De modo que existe un acervo importante de referencias que todavía no se conocen públicamente.
De todos modos las versiones difundidas parecen indicar que Gavazzo está tratando de brindar una imagen dulcificada de su actuación al frente del Servicio de Información de Defensa (SID) que actuó en la Argentina en aquellos años.
Según alega, en el primer vuelo su actuación habría consistido ni más ni menos que en salvar la vida de las personas secuestradas e ingresadas ilegalmente. No aparece allí el secuestro de varios niños, la supresión de su identidad, las falsedades con que se simuló su detención como forma de enfrentar una invasión.
Pero sobre todo en la crónica, tal como se ha difundido, no aparece dicho el destino que tuvieron otras personas secuestrados con el grupo que compuso el primer vuelo y de los que, desde entonces, nada se ha sabido. Especialmente de Gerardo Gatti y León Duarte. De ese grupo formaban parte también Ary Cabrera Prates, hasta hoy desaparecido y Telba Petronila Juárez, que unos días después de su secuestro en Buenos Aires, apareció ultimada en una calle de Barracas. Si bien Gavazzo reconoce haber participado en Orletti, lo cual es positivo por cuanto supone un paso hacia el conocimiento de la verdad, el silencio se mantiene sobre muchas de los delitos denunciados.
Tampoco resulta clara la forma en que Gavazzo viene encarando las referencias al cuadro general desde el que se realizó la represión de aquellos años: la existencia de un Plan, concertado al más alto nivel de gobierno y de jerarquías militares, que permitía la «libre circulación» de los efectivos policiales y militares que realizaban las operaciones represivas, el tristemente célebre Plan Cóndor. *
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