Banco de Seguros y accidentes de trabajo

Leopoldo Amondarain

Quien esto escribe ha vivido treinta años como profesional de los seguros.

Por lo mismo, si bien no me creo con autoridad por lo menos sí con la experiencia de vida como para poder opinar con propiedad.

Hecha la aclaración, y habiendo experimentado los dos sistemas, el de monopolio y el de libre competencia actual en el cual el Banco de Seguros ha sido el eje fundamental durante casi 90 años de vigencia del Instituto, nos encontramos, según trascendidos de la propia Presidencia de la República con el anuncio de la desmonopolización de la cartera de accidentes de trabajo.

Al Banco de Seguros le han tirado durante décadas con las municiones más pesadas que «obús» político y comercial se puede imaginar. Cierto es, que por defectos administrativos propios, durante años, dio pie para que eso ocurriese.

Lentitud en los pagos, pesadez burocrática, demora en cobranzas de pólizas que redundaba en perjuicio propio (enormes masas de dinero en la calle durante meses con la pérdida de intereses y devaluaciones propias de la época) perjuicio por lo mismo en el pago de obligaciones como era el de siniestros y comisiones de corredores, etc., politización excesiva mal entendida en determinadas oportunidades y «muchos» que desde «adentro» serrucharon al organismo atentando contra su natural fuente de trabajo. No obstante estas realidades, el Banco cumplió y de sobra desde su fundación en 1911 con su cometido social y económico de innegable gravitación.

Sus ganancias no se fueron para Inglaterra, ni para Francia, España o cualquier país extranjero, sino que se invirtieron en obras públicas, viviendas, caminería rural, escuelas, en el agro con sanas y honradas forestaciones, en salud pública con un sanatorio modelo, entre otras cosas. O sea, lo que salía de un bolsillo del pueblo, entraba por el otro, el propio pueblo. De allí, el enorme patrimonio que tiene el Banco que en definitiva es de todos los uruguayos. Sus ganancias no han «engordado» socios del «dichoso» Mercosur o de países imperiales de la unión europea globalizante sino que ha quedado y queda para uso, disfrute y beneficio de la Patria.

Entre los servicios que el Banco ha otorgado se cuenta el de la protección a los accidentes de trabajo, cartera que como decíamos la quieren desmonopolizar.

Despacito y por las piedras. Es muy delicado el tema. En primer lugar porque la función que cumple el Banco, particularmente en esta cartera, de estricto beneficio social específico, o sea protección al trabajador no sólo en lo sanitario en sí, sino también en el caso de incapacidades ya sean temporarias como permanentes con sus rentas vitalicias correspondientes, son, sin beneficio de lucro liso y llano. No es ni puede ser por lógica la de una compañía privada multinacional que basa su servicio e inversión en la natural ganancia o lucro respectivo.

O sea, ¿cómo quedan esos aproximadamente un millón de trabajadores hoy protegidos por el Banco incluyendo los que se hacen cargo de las pérdidas por aportes insuficientes que no cubren los gastos generados para la atención del trabajador?

¿Las absorberían las empresas particulares sufriendo el natural desfasaje económico que tiene el Banco? Nadie trabaja a pérdidas salvo que sea el Estado en beneficio social a su gente.

Teniendo en cuenta la situación económica actual, donde la lentitud en los pagos, cuando no la propia morosidad por la iliquidez imperante obliga a los patrones particularmente de las pequeñas y medianas empresas, a no estar al día con los pagos de las pólizas y que el Banco beatificamente igual protege, ¿se dará igual o similar situación por las privadas; o esos trabajadores quedarán desprovistos de cobertura?

¿Las multinacionales globalizantes del seguro que vengan, instalarán invirtiendo millones de dólares en sanatorios adecuados a esos efectos con toda su complejidad, o simplemente se «armarán» convenios con mutualistas destartaladas y semifundidas de plaza? Si así fuese, podrán compararse en garantías y solvencia que presta desinteresadamente el Banco?

En buen romance, son muchas las interrogantes y conociendo el paño aún más las dudas razonables. Hay un sarampión neoliberal por vender todo de parte de algunos «capitostes». Parece ser que en los ciento setenta años de vida institucional nada se administró bien por el Estado en este país. La Suiza de América como se nos tildó durante muchas décadas, fue puro cuento. Pero cierto o no, es suicida seguir vendiendo o «quemando» estos organismos del Estado que siempre fueron prósperos en beneficio de multinacionales extranjeras «golondrinas» que se llevan nuestras riquezas a sus pagos y acá no nos van a dejar ni el «recuerdo».

Ejemplos en el mundo sobran. No es de nacioanalistas entregar las riquezas propias de la Patria a los explotadores imperiales extranjeros. Queremos ver, quienes incluso dentro de nuestro Partido Nacional se pare en la cuchilla y libre la batalla interna contra los entreguistas. Es fácil crear expectativas. Lo difícil es levantar y defender las banderas para mantenerlas. El que quiera ser jefe con futuro político permanente, deberá «clavar» los talones en tierra y no disparar pal monte o haciéndose el distraído. Esta es una oportundad. Valga la redundancia, lo nuestro es nuestro y hay que saber defenderlo. Así nacen y perduran los jefes con mayúscula.

* Convencional del Partido Nacional

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