Los malos ejemplos del gobierno

Cuando uno utiliza metáforas en medio de una exposición verbal, corre, muchas veces, el riesgo de «errarle el bizcochazo». O en este preciso caso, de que «se equivoque la paloma». Algo así, me parece que ocurre, cuando el Presidente de la República, en la tan mentada oportunidad de referirse a su más que subliminalmente recomendado TLC con USA, en oportunidad del Consejo de las Américas (?), que se llevó a cabo en Punta Cala (¿o puta ALCA?), finaliza su pausada y autoescuchada alocución, refiriéndose a que «a veces el tren que pasa es el último», refiriéndose a si es conveniente «subirse» o no al referido acuerdo. Tratándose de un tren, que yo imagino de destino funesto, no pude menos que recordar cuando los nazis obligaron a los judíos a embarcarse en los siniestros «trenes de la muerte» con el destino macabro conocido. Ahí también, para muchos millones, se trató de tomar el último tren, y ya sabemos cómo fue el final. Los que, felizmente, pudieron eludir tomarlo, de alguna manera, todavía quizás sobrevivan para contarlo.

Es decir que el peligro no radica en que sea el último y no subirse, sino en no saber adónde nos lleva. O, en pudiendo presumirlo, ignorarlo deliberadamente. Este tren, conducido por otro siniestro genocida, seguramente que va por donde él quiere y necesita que vaya, y no por donde nosotros necesitamos.

Otro ejemplo equivocado lo encontramos cuando, con un muy seguro tono, el Presidente nos habla de que el comercio internacional no debe ser considerado asunto de ideología. O sea, en buen romance, hay que vender bien, sin mirar a quien. Y he oído ya el inmoral adjunto comentario favorable a esta tesis, de «lo bien que nos fue» con las guerras mundiales… Como ejemplo de lo equivocado del concepto, imaginé que, entonces, en aras de vender a un muy buen precio una mercadería desidiologizada, se podría llegar a venderle al enemigo las armas necesarias para que luego nos destruyera. Quizás algo similar a lo que pudo ocurrir con la «generación» premeditada de Bin Laden por estos mismos yankis de hoy. Y no pude sacar de mi mente el efecto de un «comercialmente puro» y desideologizado aporte alimentario integrando los pertrechos de los soldados invasores yankis, contando entre sus vituallas con alimentos en cuyas latas de carnes envasadas, por ejemplo, se encontrara la banderita uruguaya. Y no puedo menos que sentir molestia y dolor al pensar cómo en tan poco tiempo se puede haber cambiado tanto. Luego de las promesas programatizadas. O quizás, peor aun, constatar que no se cambió, siendo lo anterior una parodia engatusadora para catequizar votantes, y esta, que vivimos hoy, la cruda realidad.

Y siguiendo con los «malos ejemplos» que utiliza el gobierno, no puedo menos que referirme a las palabras del contador Cancela cuando, ante los reclamos de recursos para paliar las necesidades de la gente, sean salarios o aprovisionamientos para cumplir con los servicios, establece, muy suelto de cuerpo que, «es una falsa oposición», la que se hace en cuanto a «honrar» la deuda externa o asumir realmente el compromiso, ese sí de honra patriótica, de cumplir con la deuda social con el pueblo necesitado.

Y vaya otro ejemplo tomado «del llano», que se me ocurre como argumento descalificador de lo dicho por el jerarca. Si una persona tiene un menguado ingreso, que apenas le permite cumplir con el mantenimiento de los signos vitales de sus cuatro hijos, pero además, está poseído por el vicio del juego, no se podrá decir que es una falsa oposición, si se le plantea cubrir las necesidades vitales de sus pequeños o malgastar sus menguados ingresos en el juego. Porque seguramente y con crudo realismo, no podrá cumplir con el vital cuidado de sus hijos si destina un solo peso al vicio que lo domina. Valga la comparación en todos sus términos morales.

En fin, como vemos, muchas de las metáforas o expresiones directas de importantes componentes del gobierno, tienen el efecto «boomerang», de volverse rápidamente sobre sus cabezas, al menor atisbo de sentido común con que se analicen sus dichos.

Lo cierto es que estamos en una etapa crucial, donde la carretera se divide en dos vías, y depende de cuál elijamos, porque hay una de ellas que seguramente nos lleva al abismo imperial. Y está en nosotros, en la sufrida gente, lograr desviar ese tren fantasma.

Y sería muy bueno, que, como ahora al Presidente no le alcanza con consultar a la fuerza política que lo enarcó en el cargo, cosa que, y de paso, hasta el momento, ha hecho poco y nada, en aras de hacer funcionar a rajatablas su personal invento denominado «umbilictomía», que consultará a toda la ciudadanía. Ahora resulta claro para la opinión pública, aun la más despistada políticamente, que, como con los votos que conserva en el FA no le va a alcanzar, necesita sumar los de la derecha, que seguramente lo van a apoyar con las dos manos. El costo de este sacrificio (¿o «sacrilegio»?) político, se verá.

Pero eso, en caso de ser algo más que una baladronada, debiera tener lugar, y sería democráticamente muy conveniente, necesariamente, antes de decirle que sí a los fantoches del imperio. Como todo aparenta, esto último, que fuera en camino de suceder. Porque la práctica reiterada de los hechos consumados, inconsultos y lesivos a los sagrados intereses del pueblo, a los orientales de ley, nos tiene podridos. *

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