Comerciar con dignidad

De la extensa y medular exposición realizada por el presidente Vázquez al inaugurar la conferencia «Uruguay en la Economía Global», ayer en Punta Calas, cabe resaltar la idea –que nadie sensatamente podría condenar– de que el país debe avanzar tan lejos como sea posible en sus relaciones comerciales, sin que ello implique renunciar o lesionar la integración regional. El doctor Vázquez fue claro al señalar que no hay contradicción alguna en la apuesta al Mercosur y el ingreso al mundo global.

Es una idea que «está en la tapa del libro» y que viene repitiéndose desde hace decenios por todos los líderes políticos y por los especialistas en temas económicos adheridos a diversas doctrinas. El Uruguay debe necesariamente incrementar, mejorar y profundizar sus relaciones comerciales con todas las naciones del orbe, como único camino posible para crecer y desarrollarse.

Sería propio de necios soslayar que incluso dentro de la fuerza política gobernante hay sectores de peso y con representatividad que se oponen a que Uruguay firme un Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos. Es que no estamos ante un asunto sencillo: el propio doctor Vázquez reconoció expresamente que el proceso de globalización es «ambivalente y está lleno de promesas y posibilidades, pero también de riesgos y siniestras paradojas, un cambio en que las esperanzas pueden transformarse en miedo».

Ahora bien, como dicho proceso de globalización es irreversible, las oportunidades e incertidumbres que plantea pueden tener dos respuestas: o la resignación que lleva a rechazar la realidad pero renunciando a mejorarla, o asumir esa realidad y plantarse de la mejor manera para evitar o minimizar los posibles efectos negativos.

Y esto conduce directamente a una premisa que debe guiarnos en toda circunstancia: es preciso observar una actitud pragmática sin renunciar a los principios. «Las relaciones comerciales no son un ‘valetodo’ pero tampoco se pueden ideologizar», ha expresado con particular lucidez el doctor Vázquez. «Quien encara las relaciones comerciales entre países con actitud mercantilista pura, con soberbia o de manera mendicante, o crea que los negocios para ser buenos tienen que ser turbios se equivoca. Como también se equivoca quien, en nombre de los principios cree que el comercio es un asunto de ideología. Se equivoca o desconoce el mundo en que vive».

Entendemos que el quid de la cuestión está en este concepto que venimos de transcribir.

Con esto no estamos abogando a rajatabla por un TLC con EEUU.

Con esto queremos expresar que un asunto como el que tiene planteado el país, es decir la posibilidad de ampliar nuestro horizonte comercial, de vender más en cantidad y en calidad, no puede resolverse apelando a cuestiones ideológicas o a eslóganes obsoletos.

Desde estas páginas hemos criticado más de una vez la preeminencia del realismo y el pragmatismo por encima de los principios. Hemos criticado el «posibilismo» que aconseja la resignación y pisotea las utopías. Pero ante un desafío como el que está planteado, ante la perspectiva de aumentar nuestras exportaciones y diversificar los rubros exportables, lo que traerá aparejada una mejora cuantitativa y cualitativa en el empleo de los uruguayos, no podemos rechazar a priori la posibilidad de explorar acuerdos comerciales de extrarregión.

De ahora en adelante, deberemos mantener una actitud vigilante para evitar cláusulas leoninas o disposiciones que afecten y condenen a muerte a sectores productivos. Pero sin cerrarnos a que se estudien y evalúen las ventajas de un acuerdo comercial que abrirá y profundizará un mercado de enorme potencial. *

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