José Claudio Williman

Con José Claudio éramos ahora vecinos pero me tomó por sorpresa la noticia de su fallecimiento, que me llevó a evocar los tiempos de nuestra juventud en el Centro de Estudiantes de Derecho.

En mi libro «Historia de una pasión política», publicado en octubre de 2004, encontré un pasaje dedicado al líder estudiantil de aquellos años, con el que vivimos memorables momentos de las luchas universitarias.

José Claudio era en 1950 Secretario General del Centro, cuando en febrero llegó al Uruguay Edward Miller, secretario para Asuntos Latinoamericanos de EEUU, que era de origen puertorriqueño e iba a poner una corona de flores en el monumento a Artigas, ante lo cual desde el Centro de Estudiantes, que estaba en Colonia y Tristán Narvaja, salió un grupo de estudiantes de Derecho con el fin de expresar su rechazo el representante del imperio.

Yo estaba estudiando y para ahorrar tiempo me fui un poco más tarde directamente a la Plaza Independencia, pero para mi sorpresa allí no había nada. El monumento a Artigas se encontraba en reparaciones y el homenaje se había trasladado al que está en el Banco de la República. Y allí fue cuando José Claudio Williman, con su inconfundible vozarrón gritó: «Viva Uruguay», a lo que todos aplaudieron. Y enseguida «Viva América Latina» y nuevos aplausos. Pero cuando remató «Abajo el imperialismo yanqui» aparecieron unos tiras, o sea unos policías de particular, que empezaron a empujar a los estudiantes hacia la comisaría de la primera sección, que estaba cerca, donde tuvieron que pasar toda la noche y fueron liberados en la mañana. Armando Cuervo, mi viejo amigo, era uno de los muchos detenidos, y se reía después de mí, porque decía que yo tenía un complejo de no haber ido.

Era el último día de febrero de 1950 y al día siguiente, el primero de marzo, era el acto de iniciación de cursos en la Facultad de Derecho, en el Paraninfo de la Universidad, ante la presencia del decano y profesores, y representando al Centro le tocaba hablar a José Claudio.

Como se comprenderá, había un entusiasmo inmenso en todos los estudiantes y su discurso fue rabiosamente aplaudido. Siempre recordaré su descripción de Miller: «Es algo así como un especialista en nosotros».

De ese viaje de Miller fue memorable su visita a Luis Alberto de Herrera. Cuando el enviado de Truman planteó la posibilidad de que Uruguay enviara tropas a la guerra de Corea, que recién se iniciaba, Herrera publicó en El Debate su famoso: «Allá ellos los amarillos y rubios del norte». A un comentario de Miller, haciéndose el sordo, le contestó: «Si, es cierto, está muy mal eso de Puerto Rico, hay que arreglarlo», con lo cual estaba recordándole al puertorriqueño la prisión del líder independentista Albizu Campos. La lucha por Puerto Rico estaba al rojo vivo y ese mismo año Oscar Collazo atentó contra Truman y debió cumplir más de veinticinco años de prisión.

Al año siguiente José Claudio fue nombrado Secretario General de la FEUU y estuvo invitado en 1952, junto con Lalo Cogan, que le sucedió en el cargo, al acto de transmisión de mando de Víctor Paz Estensoro en La Paz, Bolivia. Desde allí envió un emocionante mensaje del que recuerdo su mención a una frase de José Martí: «Es la hora de los hornos y no se ha de ver más que la luz».

Es duro, muy duro, ver alejarse a tantos compañeros con los que convivimos algunos de los mejores años de nuestra vida. Saludo en ti, José Claudio, a tantos otros que ya no están entre nosotros, pero nunca desaparecerán de nuestros mejores recuerdos. *

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