No más "Operaciones Unitas"
El anuncio realizado por el gobierno referido a la no participación de la Marina de Guerra uruguaya en maniobras conjuntas con otras formaciones militares resulta un hecho auspicioso y coherente con anuncios formulados con anterioridad y con una línea de pensamiento de la izquierda uruguaya de larga data.
El episodio ha adquirido significación por sus antecedentes y por todo lo que significa en la Latinoamérica de hoy la presencia de efectivos militares estadounidenses. Nuestro subcontinente, desde el Sur de río Bravo que separa a los EE.UU. de México, tiene una largo y a menudo dolorosa experiencia acerca del significado de la presencia militar norteamericana en la región.
En el anuncio formulado por el gobierno se alude correctamente a las «Operaciones Unitas» caracterizándolas como un resabio de los antagonismos que caracterizaron al período de la Guerra Fría.
Para Uruguay el «mundo actual» no aparece –ni mucho menos– como desprovisto de antagonismos y tensiones. Más bien son lo que sobra. Justamente por eso resulta conveniente no incorporar más desafíos y contenciosos que los que hoy golpean a la puerta.
Por lo demás, la actual administración estadounidense se viene caracterizando no precisamente por su espíritu legalista o conciliador. Más bien todo lo contrario. La doctrina de la guerra preventiva, que sirvió como soporte ideológico a la agresión, aún en curso, a Irak coloca al sistema de naciones es ascuas.
El ordenamiento legal internacional, trabajosamente construido por la Organización de las Naciones Unidas después de la Segunda Guerra Mundial, aparece hoy en estado precario, vulnerado, justamente por una política de reacciones militares belicosas por parte de la administración Bush.
El personaje ha sido definitivamente descrito en un texto exhaustivo publicado el año pasado por La República de la pluma de su director. A partir de aquella caracterización se podría concluir que, para nuestro país, del Hitler de nuestro tiempo, cuanto más lejos nos situemos, mejor.
Por lo demás, tal como informa la prensa del día de ayer, en la reunión del pasado lunes de la Mesa Política del FA, figuraba en el orden del día la cuestión de una donación de la Marina de guerra de los Estados Unidos para la edificación de viviendas en Santa Catalina.
El General Victor Licandro, presidente de la Comisión de Defensa Nacional del Frente Amplio, había expresado con anterioridad su desacuerdo con la donación. Por su parte el subsecretario de la cartera, José Bayardi, ha sostenido que esta donación no tiene nada que ver con la presunta intención de Estados Unidos de instalar una base militar en Uruguay.
La decisión del gobierno poniendo fin, al menos por el momento, a la participación uruguaya en las «Unitas» ha suscitado algunas críticas de parte de legisladores blancos y colorados.
De parte de estos últimos tales expresiones eran de entera previsibilidad. En cuanto a las críticas formuladas por los nacionalistas no aparecen avaladas por su concordancia con lo que fue la actitud del último gobierno blanco en la materia.
El Ministro de Defensa de entonces, el doctor Mariano Brito, nunca tuvo la menor vacilación para actuar en total sintonía con los requerimientos norteamericanos, poniendo en acción una doctrina bien alejada por cierto de los postulados del nacionalismo histórico encarnado en el doctor. Luis Alberto de Herrera.
La decisión del Frente Amplio es concordante con lo esperable de una fuerza de izquierda. Incluso con los temas en estado de discusión *
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