La soberanía del FA radica esencialmente en sus bases

Se acaba de realizar un muy exitoso Encuentro de «Comités de base», con una concurrencia tanto numérica como calificada muy importante, y la presencia de representantes de casi todos los departamentos de dentro del país. Con el sacrificio que sabemos que ello conlleva: Máxime sabiendo que, a raíz de la cantidad de participantes, el tiempo para manifestarse y hacer «sus catarsis» era y resultó absolutamente insuficiente. Sin embargo «las bases» se dieron los medios para demostrar que «viven y están en decisión de luchar» por sus derechos irrenunciables a participar efectivamente en una vida que desean intensa, de la fuerza política. De dicho fructífero evento, me atrevo a sacar algunas personales conclusiones básicas más que importantes, que forman el esqueleto de la real y actual filosofía basista

A saber:

1- No renuncian al derecho de ser un componente de decisión dentro de la fuerza política. A pesar de aceptar su invalorable papel «administrativo», no menos importante (recaudar fondos, visitas «puerta a puerta», arrimar adherentes, pegatinas etc), reivindican su derecho irrenunciable de pesar en las decisiones de la fuerza política, decisión de la que muchas veces se sienten relegados.

2- En su relacionamiento con la parte de coalición, reclaman un tratamiento más leal. Porque los grupos políticos tienen a)-Su propio campo de actuación como tales b)-delegados insertos en los órganos de las bases, que inciden, inclusive, quizás excesivamente, en decisiones que se llevarán a los plenarios, haciendo que los grupos pesen dos veces en las decisiones. c)- Y como si fuera poco, la costumbre arraigada, a pesar de lo poco fraterna y leal de la actitud, de infiltrarse en las bases a través de métodos reñidos con la mínima ética frenteamplista, proponiendo para los cargos «de poder», en los órganos de dirección de base, a compañeros que concurren más o menos encubiertamente «mandatados» por sus grupos a cumplir con «su» tarea dependiente. Es que el método de elegir a «los mejores compañeros» por el teóricamente perfecto sistema de «planchas o tachas», ha sido desvirtuado y distorsionado, cuando algunos grupos hacen «subcoaliciones» para «votarse entre ellos», desplazando a los otros (mejores) compañeros y copando el acceso a dichas funciones.

3- En el relacionamiento con el gobierno, mostraron estar también cansados de ser «ninguneados». Y no solo en lo nacional. También en lo departamental, en cuyo caso, como ocurrió hasta esta reciente reforma estatutaria, en el caso específico de Montevideo, que conocemos muy bien, los ediles no tenían, por «defectos»(?) del estatuto vigente, ningún órgano político de referencia y decidían, muchas veces, «por las de ellos» (o las de sus grupos), y en muchos casos, como ocurrió en el ejemplo del «defensor del vecino», en contra de la expresa voluntad del órgano natural de referencia que era la departamental.

Han planteado, por ejemplo, la necesidad imperiosa de que la figura del presidente del FA no tenga ningún cargo en el gobierno, pues la experiencia de lo ocurrido hasta la fecha, demuestra su clara inconveniencia. Además, se ha hecho especial hincapié en que la cosa no pasa por explicar, desde los compañeros en cargos de gobierno, las dificultades ciertas de relacionamiento por el simple lado de que falta información «de arriba a abajo» (sic) sino que, además de ese motivo, que es real, la formación de opiniones, y/o resoluciones surgidas «desde abajo» (sic), llegan tarde y mal, y cuando lo hacen, tampoco son tenidas en cuenta.

Porque se ha notado claramente, tras la manida teoría del desacato denominada, haciendo gala de deformación profesional, como «corte del cordón umbilical», una subversión voluntaria y deliberada de los roles del gobierno con respecto a la fuerza política, por la cual se sigue tratando de imponer la peregrina idea de que el gobierno es el estamento superior, que allí se toman las decisiones (muchas veces inconsultas, y lo que es peor, contrarias al discernimiento de las bases, sólidamente apoyado éste en plenarios, congresos y principios fundacionales), como si fuera natural la preeminencia del gobierno sobre la fuerza política que, en realidad es quien, con su esfuerzo y valor, lo catapultó indispensablemente al gobierno del país.

El realizado es un esfuerzo digno de encomio y que, con madurez y visión, ya se ha resuelto reiterar, y de ser posible, institucionalizar el evento en la fuerza política, dándole continuidad y periodicidad convenientes.

Esperemos que todos aquellos compañeros que aun mantienen la idea insuflada desde algunos grupos políticos «ultraoficialistas» de que la fuerza política debe ser el furgón de cola del gobierno, y como su función principal, está la de salir prontamente y «al grito», corriendo, como «apaga fuegos», a «tapar» los errores y horrores del gobierno, a través de apoyos incondicionales sobre temas no discutidos, visualicen, a través de los documentos que seguramente surgirán, con los materiales del evento, cuál es el verdadero pensar de las bases del FA. Y los respeten.

Y que definitivamente se logre convencer a los sordos, que aun no quieren oír, de que el gobierno, por su ilustre origen ya citado, debe consultar necesariamente a la fuerza política, de la cual sus bases son el componente especial e indiscutible, que nos diferencia esencialmente de los partidos tradicionales, en todos aquellos casos en que están en juego principios fundamentales y funcionales que hacen a la solución de problemas trascendentes para la vida del país.

¡Salve, oh, Encuentro de los Comités de base!

Ah. Y antes de que me olvide. Estas garrapateadas líneas vayan, con legítimo orgullo, en reivindicación de mi genuino carácter de militante frenteamplista de base, y de confeso infiltrado de las mismas, en uno de los grupos políticos que integran la coalición. Vaya un pollo por tantas gallinas, como decían en mi casa… *

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