La enfermedad de Fidel: los disparates y las mentiras
Es de esperar que alguien -con el auxilio formidable que dan las condiciones técnicas de difusión de la información- esté llevando adelante un archivo del conjunto de dislates y falsedades de todo tipo que se dicen desde las fuentes del gobierno norteamericano y de los enemigos acérrimos del dirigente cubano.
Sin ir más lejos, cuando habían transcurrido apenas seis horas de la internación de Castro en una clínica de La Habana, un periodista uruguayo hablando con un corresponsal de prensa cubano le preguntó «si se estaban registrando cambios políticos en Cuba». Es de imaginarse el estupor del interlocutor cubano.
Bastante más graves son otros episodios originados en los Estados Unidos, donde tomó estado oficial la desopilante tesis que, puesto que Fidel estaba enfermo, el gobierno de los Estados Unidos tenía derecho a intervenir en lo que se dio en llamar «la transición hacia una democracia».
Una nota periodística de Pascual Serrano, publicada en la revista digital Rebelión, da cuenta de los extremos a los que la actual administración está llegando. Dice Serrano:
«El 2 de agosto la mayoría de los medios de comunicación se hacía eco de un teletipo de EFE que recogía el llamamiento de sectores de Miami que pedían con total impunidad un golpe militar: ‘El exilio cubano pide al Ejército cubano que forme un gobierno cívico-militar de transición’. Quienes llevaban décadas acusando a Cuba de ser una dictadura militar ahora apelan en un comunicado de la junta directiva de la FNCA (Fundación Nacional Cubano Americana) a que ‘los militares tienen la oportunidad de prestar un generoso servicio a la patria estableciendo una autoridad transitoria cívico-militar’. Según el cable de la agencia, el representante de este grupo afirmó que los militares deben unirse a los esfuerzos de los opositores de la isla para buscar una solución pacífica.
La velocidad con que se ha desatado la soberbia gubernamental norteamericana es alucinante.
Siempre de acuerdo con la misma fuente, Brooks, el corresponsal de La Jornada de México en los EEUU, agrega esta otra perla: ‘que el senador Mel Martínez y el secretario de Comercio, Carlos Gutiérrez, advirtieron por separado contra la interferencia de fuerzas externas en Cuba. Al responder a la pregunta de qué debería hacer el gobierno estadounidense, Martínez respondió ‘primero y ante todo, mantener cualquier fuerza desde afuera para interferir (en Cuba)’. Al preguntársele a qué se refería, dijo: ‘estoy pensando en Venezuela, particularmente. Esto es un asunto para ser resuelto por el pueblo cubano’. A su vez, Gutiérrez subrayó: ‘prometemos desalentar a terceros de obstaculizar la voluntad del pueblo cubano’.
Y finalmente, David Brooks, el día 3, destapa que The Wall Street Journal, «especuló que un gobierno encabezado por Raúl Castro podría imitar el modelo de China, abriendo la economía a la inversión extranjera y al sector privado cubano mientras intenta mantener un estricto control político». Pues perfecto, viene a decir el periódico, era eso de lo que se trataba. He aquí: «Si Raúl desea avanzar en esa dirección, podría desear hacer algunos gestos conciliatorios a Estados Unidos, dejando a un lado la retórica antiestadounidense de su hermano y ofreciendo cooperación en asuntos bilaterales. Estados Unidos tendrá que estar preparado para responder. Un paso que ayudaría ahora sería revocar la ley Helms Burton de 1996 que estipula que un presidente estadounidense no podría levantar el embargo comercial mientras Fidel, Raúl o cualquiera que ellos hayan nombrado esté en el poder».
Como diría Washington Beltrán: ¡Qué tupé! Aunque, pensándolo bien, no deberíamos asombrarnos ante esta descarada intromisión de la Casa Blanca –o intento de incidir– en los asuntos internos de una nación soberana.
Debemos denunciarla y rechazarla, al tiempo que reclamar el respeto irrestricto a la soberanía de la isla. Es nuestra forma de apoyar al heroico pueblo cubano. *
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