Lávese la mano, Fidel
Usted sabía, comandante, quién es ese mocito rubio, sonriente, simpático convencional, hipócrita y desagradable al cual le dio la mano en la reunión de presidentes.
¿Cómo no iba a saberlo? Si es el campeón de los bombardeos contra civiles (caso Irak, por ejemplo), el representante visible de los bestiales intereses espurios del mundo capitalista en su etapa globalizada.
Es cierto que había otras manos y otros presidentes, «presidentes» y prescindentes no menos crapulosos que él pero tan bien vestidos como él.
Pero el enemigo del pueblo latinoamericano en su conjunto, aunque amigo de los personajes dirigentes, véase al frívolo Jorgito, el Julio María y tutti quanti, es ese joven rubio y sonriente que todos conocemos.
Lo que usted quizá no sabía es su nombre traducido al idioma latinoamericano. Su nombre usual en la lengua imperial es Bill Clinton, que hemos traducido en la forma Vil Clinton simplemente. Apenas el cambio de una be larga por una ve corta (lo que los peninsulares llaman con el disparatado nombre de uve). Porque es realmente un personaje vil.
Lávese la mano, Fidel, pronto Fidel, otra vez, Fidel. Lávese de nuevo con agua y jabón, aunque como usted lo ha demostrado más de una vez, sus formas de lavado no son ésas y que además, cuando correspondía, nunca se lavó las manos. ¿No es cierto, comandante?
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