Una alternativa al neoliberalismo
Carlos Santiago
La mecánica dialéctica que planteó el doctor Tabaré Vázquez en el último Plenario Nacional del Frente Amplio, que llevará a la organización a comenzar a discutir la estructuración de un modelo alternativo al neoliberal que plantea la derecha, se convierte en una necesidad imperiosa que no sólo le servirá a la izquierda sino que, además de contribuir a consolidar la unidad conceptual dentro del propio Encuentro Progresista – Frente Amplio, le planteará a los uruguayos un camino real para quebrar la acción de los gobiernos que hemos sufrido durante los últimos veinte años.
Es que desde la caída del muro de Berlín y del derrumbe del llamado «socialismo real», buena parte de la izquierda en el mundo fue perdiendo sustentación social, al debatirse sólo en una suerte de «oposición» sistemática al neoliberalismo, pero sin ofrecer a cambio la alternativa de un modelo sustentable, que se encamine al desarrollo y que asegure, como elemento esencial, el funcionamiento democrático y –por consiguiente– la libertad, en la más amplia acepción que tiene esta palabra.
Parecería –pese a que el documento del presidente del Encuentro Progresista Frente Amplio no da pautas concretas– que el camino que comenzará a recorrer la coalición de izquierda en los próximos meses, puede concretar pautas, establecer conclusiones y, por qué no, plantear un modelo alternativo al neoliberal que le sirva a todos los uruguayos y que comience a modificar esta realidad cada día más negativa que vive el país.
Los gobiernos blanqui-colorados que siguen aplicando la receta neoliberal, como los elefantes en el bazar, muestran en algunos casos una aparente confusión, cada día más aguda, sin afinar conceptos fundamentales. Para ellos es lo mismo privatizar que desregular y, por eso, se embarcan en peligrosas tareas intentando establecer disposiciones, en el marco de la ley de Presupuesto, que posibilitan la venta de Ancel, una empresa de funcionamiento brillante que le ha dado a Antel una ganancia anual promedio de 55 millones de dólares, cuando lo que se debieran plantear –de acuerdo a la lógica de su modelo y para abrir el mercado a nuevas inversiones– es la desregulación de la banda digital, donde –por supuesto — la actual Ancel podría seguir compitiendo como lo hace hoy con la privada Movicom.
Uruguay es el país con el más bajo nivel de inversión del continente, fenómeno a estudiar obviamente dentro del marco establecido por Vázquez, en cuyas palabras quedó muy claro que en ningún caso se dilapidarán en beneficio de empresas privadas (extranjeras) los bienes que los uruguayos con el esfuerzo de generaciones, hemos logrado atesorar, administrar y hacer rendir beneficios que van al Tesoro Nacional. Recodemos que Antel en los últimos cinco años aportó con ese fin más de 1.300 millones de dólares
Pero en el tema hay que ser claros. Aquí no se trata de una equivocación de los que han elaborado el Presupuesto Nacional. Se trata de otra cosa: del resultado del «lobby» que han hecho los intermediarios de todos estos negocios que, con las desregulaciones no logran los cuantiosos dividendos que obtienen con la venta de las empresas públicas.
Se entremezcla en ese articulado una confusa disposición que abre la posibilidad de la venta de Ancel, en la que hay muchos interesados, sin establecer cuáles serán las reglas del juego futuras; si la privatizada Ancel seguirá compitiendo con Movicom, o si el camino futuro será el del juego libre en la telefonía digital.
Muchos de estos asuntos deberán –por qué no– ser dilucidados por la izquierda en el proceso de discusión que dejó abierto en doctor Vázquez, para tener lineamientos concretos sobre cada uno de los temas, mostrando cual será el camino de un desarrollo tan sustentable como posible que planteará la izquierda, donde se puedan hacer realidad para todos los uruguayos, en un marco de absoluta libertad, todos los derechos establecidos en la carta magna. Sería bueno que los distintos grupos de la izquierda, sin anteojeras, abiertos a las ideas de los demás, contribuyeran con conceptos que sean producto de la experiencia y de la sabiduría, que es el resultado del análisis y del esfuerzo por interpretar los cómo y los porqués de nuestra realidad, lleguen rápidamente a conclusiones.
La alternativa uruguaya al neoliberalismo, obviamente, debe concretarse en el marco de discusión fraterna, para que el modelo de sociedad en que eventualmente vivirán las nuevas generaciones, reciba el apoyo electoral masivo, que permita que un gobierno progresista, desde 2005, pueda ponerlo en marcha.
El camino que se propondrá será un primer paso. En la próxima elección sólo podrán triunfar las fuerzas progresistas si ofrecen una alternativa sabia al neoliberalismo, que asegure el progreso del país, el bienestar de los ciudadanos y las libertades plenas.
«El cuanto peor mejor» que esgrimen algunos no es más que una vía muerta que nunca sirvió y que ahora, menos que nunca, tendrá andamiento.
* Periodista
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